En Turquía las aguas son turbulentas. Este fin de semana Turquía anunció que se retiraba del Convenio de Estambul, firmado en 2011, el cual obliga a los gobiernos a adoptar una legislación que castigue la violencia doméstica y los abusos similares, incluidas la violación conyugal y la mutilación genital femenina, provocando manifestaciones de miles de personas en el país para exigir al presidente, Recep Tayyip Erdogan, revertir la decisión.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, se mostró ayer «profundamente decepcionado» por el anuncio: «Es un desalentador paso atrás para el movimiento internacional que busca poner fin a la violencia contra las mujeres».

Estados Unidos y Turquía, ambos miembros de la OTAN, mantienen unas relaciones extremadamente tensas desde 2016 y el presidente Erdogan aún no se ha reunido con Biden desde que este último asumió la presidencia en enero.

La semana pasada, Washington denunció los intentos de las autoridades turcas de prohibir el principal partido prokurdo.

Ayer mismo, autoridades turcas detuvieron brevemente a un destacado diputado de la oposición prokurda, quien se había negado a abandonar el Parlamento durante varios días en protesta contra la retirada de su escaño tras una condena por «terrorismo».

«Casi 100 policías se llevaron a la fuerza a Faruk Gergerlioglu cuando estaba en pijama y pantuflas», difundió el Partido Democrático de los Pueblos (HDP, prokurdo), en un comunicado.

Algunas horas más tarde, la Fiscalía general de Ankara informó en un comunicado que el exdiputado había sido puesto en libertad.

LEG