Polarización feminista o punto de convergencia

Salvador Guerrero Chiprés

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Cuando el segmento más significativo —por su elocuencia, combatividad y creatividad— de las colectivas había conquistado más simpatizantes de entre las audiencias más o menos politizadas con su poderosa ocupación simbólica de las vallas frente a Palacio Nacional, algunas otras manifestantes derribaron un tramo de la valla frente a la sede del poder nacional y otras más golpearon y agredieron verbalmente a mujeres policía.

En esos vaivenes de creatividad y violencia, de combatividad y ejercicio del poder urbano elemental, podría estar contenida una porción del espectro de la dialéctica de métodos de lucha de las feministas.

Un techo que no es el de cristal, el techo donde se halla vigente la autoimpuesta necesidad de la ira violenta, tan justificada como pueda llegar a ser, puede no estar contribuyendo a una causa esencial.

En ambos extremos de esos estilos, sin embargo, habita un crecimiento real de posicionamiento de la causa que debe dirigirse, con el movimiento, con la coordinación y con el diálogo, hacia el desmantelamiento de las vulnerabilidades que hacen víctimas a las mujeres.

La impunidad debe terminar y para ello es indispensable un ciclo de convergencias con otros actores y con compromisos institucionales dialogados con las porciones más representativas y comprometidas del archipiélago de colectivas.

Al mismo tiempo, se genera la polarización necesaria —todo movimiento implica polarización— para que en los próximos meses se determine, especialmente durante la elección, la relevancia del combate institucional y social contra la violencia de género y familiar, además de la gestión de la crisis sanitaria y el tema de la seguridad y la justicia con sus respectivas interconexiones.

La sociedad mexicana es profundamente conservadora y está sostenida por muchos de quienes ahora fingen simpatía con las colectivas.

Es probable que la dosis de violencia mediatizada hoy sea ignorada por esos agrupamientos que se dicen simpatizantes, con la misma prontitud como antes era exigida la actitud represiva del Gobierno por los mismos sujetos.

El conservadurismo que hoy es sediciente acompañante, se deslindará en tres meses para regresar a su cueva de machismo patriarcal dominante.

Los reclamos que evidencian violencia fundamentalmente de varones, preeminencia básica de la impunidad y exhiben carencias institucionales, especialmente en Guanajuato, Jalisco, Chihuahua, Estado de México y Baja California, donde se concentran casi la mitad de los feminicidios del país, tienen razón de ser y en ello encontrarán a sus objetivos de ataque más preciso.

Conforme se acerque la elección se verificarán dos cosas: los partidos distintos de Morena disolverán el frente aparente que es el feminismo respecto del Gobierno federal, y las colectivas seguramente rearticularán sus capacidades de congregación indispensable ante la enormidad de un desafío que ha convertido desde hace décadas al espacio público y al espacio privado en un sitio inseguro para las mujeres.