Ante los problemas de sedes por los elevados gastos y las reticencias en algunos casos de las poblaciones locales, el COI ha modificado el procedimiento
Foto: AFP Ante los problemas de sedes por los elevados gastos y las reticencias en algunos casos de las poblaciones locales, el COI ha modificado el procedimiento  

El Comité Olímpico Internacional (COI) se olvida por un instante de los preparativos de los Juegos de Tokio, en plena crisis sanitaria, y en la nueva semana aborda cómo será su futuro a más largo plazo, en el momento en el que se dispone a reelegir a Thomas Bach como presidente.

No habrá suspense en la votación del miércoles de los 102 miembros de la instancia, ya que el pasado 1 de diciembre se conoció que el alemán de 67 años iba a ser el único candidato, por lo que se encamina desde entonces a un segundo mandato de cuatro años.

Pero antes de reelegir a este excampeón olímpico de esgrima, que preside el COI desde 2013, la 137ª sesión, cuyos miembros se reunirán en videoconferencia, abordará el balance de sus ambiciosos objetivos de la Agenda 2020.

Contratos a muy largo plazo, aumento de los ingresos por patrocinios internacionales, creación de una cadena olímpica online: la ‘era Bach’ ha marcado “un renacimiento” para la organización con sede en Lausana, “gestionada día a día” por su predecesor Jacques Rogge, según dijo Jean-Loup Chappelet, profesor emérito de la Universidad de Lausana y especialista en Olimpismo.

Ante los problemas de sedes por los elevados gastos y las reticencias en algunos casos de las poblaciones locales, el COI ha modificado el procedimiento y ha buscado cómo bajar la cuantía de las facturas.

De ahí vino la doble designación de septiembre de 2017, con París para los Juegos Olímpicos de 2024 y Los Angeles para los de 2028, apoyándose en que son dos ciudades ya dotadas con un amplio número de infraestructuras.

La pasada semana concedió además el estatus de “candidata preferencial” a la ciudad australiana de Brisbane para los Juegos de 2032.

OBSTÁCULOS RUMBO A TOKIO

La pandemia del Covid-19 ha convertido la cuenta atrás para los Juegos de Tokio (23 julio-8 agosto) en una pesadilla logística y sanitaria.

El virus Zika, justo antes de los Juegos Olímpicos de Rio en 2016, ya evidenció que la gran cita internacional en tiempos de paz podía verse perturbada por motivos que escapan a su control, con los consiguientes efectos que ello puede tener sobre un número importante de federaciones internacionales, muy dependientes del evento. Pero la crisis del covid-19 es inmensamente más problemática.

El aplazamiento de un año de los Juegos de Tokio, de 2020 a 2021, ha ilustrado la complejidad de la maquinaria olímpica, aunque el COI espera seguir siendo el ‘jefe de filas’.

“El COI no es el único en decidir. Hay que tener en cuenta a los organizadores, pero también a los gobiernos locales y nacionales, a los comités olímpicos nacionales, a la opinión pública, a los patrocinadores, a la prensa”, enumera Jean-Loup Chappelet.

 

AR