Un auditor carnal

Adrián Trejo

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de 24 HORAS.

Si David Colmenares Páramo entendió el mensaje que le enviaron ayer en la reunión con diputados, deberá renunciar en breve a la Auditoría Superior de la Federación.

Un diputado de Morena no sólo cuestionó los errores de contabilidad en la auditoría de desempeño al cancelado aeropuerto de Texcoco, sino que puso sobre la mesa la sospecha de corrupción en actos de la ASF.

Aunque el legislador no especificó a qué actos se refería ni su fuente, está claro que cuando se quiere la remoción de un funcionario esos “detalles’’ poco importan.

Colmenares ha sido un funcionario probo y eficaz en las tareas que ha desempeñado.

Sin embargo, la prisa por rectificar los números que cuestionó el presidente López Obrador, lo colocaron en el paredón.

Efectivamente, el daño no solo fue a la persona sino a la credibilidad de la institución.

¿Cómo se podrá creer nuevamente en la imparcialidad de las auditorías si desde el púlpito mañanero se calificó como una sucia maniobra política en contra del Gobierno una auditoría fallida?

¿Y qué hay de las otras 1,399 auditorías que no tuvieron ningún cuestionamiento por parte del partido mayoritario?

No se debe perder el foco, pues aunque el asunto del aeropuerto es el que más pirotécnica política ha generado, el Gobierno del cambio tiene que aclarar qué hizo con los 67,498.4 millones de pesos cuyo destino no pudo comprar durante las auditorías.

Ojo, eso no significa que se los hayan “robado’’, simplemente que no pudieron acreditar su destino ni justificar su uso por lo que las áreas de Gobierno “observadas’’ tienen 90 días para presentar la documentación faltante.

Mientras eso pasa, ya comenzó a rodar la bola en Morena para pedir la renuncia de Colmenares, a la par de la auscultación sobre quién da el perfil para sustituir al oaxaqueño.

Para encontrar al auditor carnal, pues.

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Dos reflexiones sobre la aparición del “espontáneo’’ en la conferencia de ayer del presidente López Obrador:

Si no fue montaje, el Presidente debe relevar, a la voz de ya, a los encargados de su seguridad en Palacio Nacional.

Increíble que con los controles que hay se pueda colar un espontáneo.

Si fue montaje, qué mal actuado.

Y que mala justificación del evento.

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Una herencia de violencia dejará Juan Manuel Carreras en San Luis Potosí.

Desde hace años, la delincuencia organizada se apropió de las calles de la capital del estado, sin que el gobernador o el entonces presidente municipal, Xavier Nava, que busca la reelección pero bajo la bandera de Morena, pudieran reducir los delitos más comunes.

Ayer fue asesinado el presidente de la Coparmex en el estado, Julio César Galindo, en pleno día, en una céntrica calle a la vista de todos.

Carreras tenía la obligación de recuperar la paz para el estado, y simplemente no pudo o no quiso.

¿Y Nava? ¿Con qué cara pretende reelegirse?

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Por cierto, hablando de San Luis Potosí, todo hace pensar que el PRI y Morena impusieron candidatos de papel para que la elección de gobernador la gane el PVEM y su candidato, Ricardo Gallardo Cardona.

Una encuesta realizada por la consultora Beltrán Juárez y Asociados coloca a Gallardo en el número uno de la intención del voto, con 30%, seguido del priista Octavio Pedroza con el 28% y en tercer lugar la candidata de Morena -y del gobernador-, Mónica Liliana Rangel con 26% de la intención del voto.

Falta mucho aún para la elección, pero el candidato del verde ya les tomó ventaja, haiga sido como haiga sido, para citar a un clásico.