El virus infesta la vida de todos

Las personas afectadas directa o indirectamente saben que, en adelante, ya nada es igual. Aquí los testimonios de personas que han padecido los efectos de la enfermedad

El virus infesta la vida de todos
Foto: Especial Rosa, habitante del Estado de México, tuvo una dolorosa recuperación de la enfermedad.

Amén de la zozobra, miedo e incertidumbre casi generalizados en el país, el daño infligido por la pandemia tiene un significado distinto para cada cual, en su fuero personal y familiar, por cada contagio, por cada pérdida.

Las personas afectadas directa o indirectamente saben que, en adelante, ya nada es igual. Aquí los testimonios de personas que han padecido los efectos de la enfermedad.

No sólo es el enfermo

El virus nos invade, incluso sin tenerlo dentro. Cuando le diagnosticaron el Covid-19 a mi hermano, todo cambió; la vida no vuelve a ser la misma. Respiras, sueñas y vives para y contra el bicho. Él se tuvo que quedar en casa y creo que fue lo mejor, porque el estado anímico puede hacer la diferencia. Desinfectábamos todo el día, todos lados. El impacto sicológico es horrible, no vuelves a dormir, sientes que en cualquier momento puede faltarle el oxígeno a tu enfermo, dos o tres veces al día tienes síntomas tú mismo. Cuando el virus se va, nada vuelve a ser igual; el miedo te invadió la vida por siempre.
Pipa, empresaria
Culiacán, Sinaloa

Discriminación, igual de dolorosa

Hace ya un mes que me dieron de alta del Covid, pero las cosas no terminan ahí. No sólo es la espera y el temor de que el virus pueda regresar a tu cuerpo o al de alguien de tu familia, sino al rechazo de tus vecinos, quienes sin ninguna consideración, te evitan o cuchichean a tu paso, o tus propios compañeros de trabajo a tu regreso a las labores.

Es terrible que no sólo enfrentas los malestares del coronavirus y el miedo a morir en cualquier momento, o de contagiar a tus seres queridos, sino a la falta de empatía de tus vecinos, quienes pasaban la voz para que no se acercaran a tu puerta; no los fueras a contagiar.

Hubo algunos que, sin ningún reparo, echaban agua con una manguera a mi ventana, quizá pensando que el virus saldría por ella. Otros pedían que me sacaran del edificio.

Es increíble que un año de pandemia no nos haya hecho más solidarios con los enfermos, que no nos contagiamos por gusto, sino porque pasó, sin buscarlo o esperarlo.
Rosa, auxiliar administrativo
Tlalnepantla, Estado de México

Contagios familiares en cadena

Los festejos a los que estamos acostumbrados se convirtieron en cadenas de contagio y, lo peor, en la muerte de alguien a quien amas y a quien no pudiste abrazar, no pudiste despedirte y no lo acompañaste en sus últimos momentos.

Recientemente me enfrenté a un contagio múltiple en mi familia, luego de las reuniones de fin de año.

Por más que traté de desalentar que mis seres queridos celebraran las fiestas de fin de año, fue imposible, y a principios de enero se dio el primer contagio en la pareja de mi hermana; de ahí, los casos se dieron en cascada, hasta acumular ocho; desgraciadamente mi hermana murió.

Fueros días de estrés, atención a los enfermos, visitas a los hospitales, conseguir insumos como oxígeno y medicinas; enfrentar diversas opiniones en los tratamientos, y, claro, el miedo a contagiarme y no poder seguir atendiendo la emergencia familiar. Días de verdadero terror.

Y en ese momento te preguntas:

¿Cómo enfrentar la muerte de un ser querido por Covid-19, cuando adicionalmente tienes otros familiares afectados por la misma enfermedad? ¿Cómo enjugar tus lágrimas, cuando hay que luchar por otros, que en diversos grados, también han resultado positivos al virus? ¿Cómo entender que esta pandemia nos deja vulnerables y que lo mismo hay quienes están asintomáticos y a otros los debes llevar a una unidad hospitalaria para recibir ayuda, porque temes por su vida? ¿Cómo batallar para conseguir un tanque o un concentrador de oxígeno, que sabes es fundamental para su tratamiento y recuperación, cuando la demanda es excesiva y los precios exorbitantes?

¿Cómo compaginar los diversos criterios que hay para atender a un paciente Covid de una institución a otra, de un médico a otro? ¿Cómo recorrer farmacia tras farmacia porque hay escasez de medicinas? ¿Cómo estar a la expectativa de recibir una llamada del hospital para conocer el estado de salud de tu familiar internado y sentir un hueco cada vez que suena el teléfono? ¿Cómo enfrentar el miedo de posiblemente contraer la enfermedad por asistir a tus seres queridos y, sin embargo, seguir adelante?

Son muchas las interrogantes, pero una sola respuesta: el Covi-19 nos enfrentó a una cruda realidad, a la inconsciencia de muchas personas, de muchas familias, que no creyeron en el alto riesgo de continuar con la vida cotidiana y se pensaron invulnerables a una nueva enfermedad que ha avanzado a pasos agigantados y que, para muchos, ha cobrado un alto precio.

Hace un año, cuando todo empezó en China, allá, muy lejos, pensamos que aquí no pasaría nada y se nos hacía imposible creer que en meses tendríamos uno, dos, tres y más familiares enfermos porque continuaron las reuniones y no se adoptaron las medidas necesarias, pues todo parecía igual, aparentemente no había riesgo, no se tomaron precauciones, no teníamos miedo.

Pero todo cambió al concluir 2020, casi un año el inicio de esta tragedia. Los múltiples festejos a los que estamos acostumbrados se convirtieron en cadenas de contagio y lo peor, en la muerte de alguien a quien amas y a quien no pudiste abrazar y no pudiste despedirte y no lo acompañaste en sus últimos momentos, sólo recibes sus cenizas y lloras porque esta terrible enfermedad te lo arrebató.

Dicen que la vida sigue y de hecho es así, pero una vida diferente, ahora has comprobado que el Covid-19 llegó y además de afectar la salud de las personas a las que amas, cambió para siempre la realidad, tu realidad, pues sigue ahí, acechando, porque sabes que la pandemia no ha acabado y no hay para cuándo se pueda hablar de un control real y muchos aún no entienden y retan a la enfermedad.

Y duele ver en la calle a un sinfín de personas sin adoptar las medidas básicas de protección, ver lugares con aglomeraciones, ver a muchos incrédulos, ver que no hay estrategia real para atenderla y lo poco que se hace ha sido utilizado con fines electoreros, pues la atención a la pandemia, si es que alguna vez la ha habido, se basa en ocurrencias.

A todo esto se suma la actitud del mexicano, porque somos peculiares, por decir los menos, y sigue la indiferencia porque muchos no han vivido en carne propia la incertidumbre y el miedo que genera saber que el Covid-19 ha tocado a los tuyos, sin saber cual podrá ser el desenlace.

Entiendes que los números de los afectados crecen día tras día, pero ahora sabes que uno de esos datos habla de tu familia, de alguien que ya no está contigo y también tienes la certeza de que el peligro continua y que persiste el riesgo de contagio para quienes han resultado negativos en las pruebas y que hay posibilidad de reinfección para quienes ya la padecieron, quizá con consecuencias más graves.

A más de un año de la aparición del Covid-19, el recuento de los daños tiene un significado diferente para cada familia afectada, por cada pérdida sufrida y sabes que en general ya nada será igual, no solo para ti o tus seres queridos, sino para todo el mundo y lo único que queda es agradecer al personal de salud, que aún a costa de su propia vida, siguen luchando contra un enemigo que sigue ahí.

Rocío, trabajadora del sector Salud
Estado de México

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