Cada vez leo más quejas porque este confinamiento no tiene para cuándo. Y no. A la gestión de López-Gatell se suma la evidencia contundente de que ni hay vacunas para salvarnos del virus, ni hay, por tanto, un plan de vacunación, sino una puesta en escena basada en mentiras que se suceden, improvisadamente, día con día.

Porque no, no compraron vacunas, no al menos en una cantidad ni cerca de suficiente para todos, y ya no sabemos siquiera si están buscándolas desesperadamente, cosa que es razonable pensar porque el Presidente ya le fue a pedir a Biden lo que antes le pidió a Trump: que si por caridad no nos manda unas dosis de Pfizer que le sobren; o si de plano aparentan que las buscan desesperadamente cuando prefieren gastarse el dinero, ya muy escaso, en otras cosas, lo que tampoco es descartable, y andan viendo cómo flotan de aquí hasta las elecciones para que la tragedia no les explote en las urnas, pero sin gastar.

O sea que podríamos decir que esos comentarios están justificados, y que en efecto, como van las cosas, vamos a seguir en el encierro, respetando las medidas que López-Gatell nos dice que no hay que respetar, con 300 mil muertos y toda la cosa. Pero creo que subestimamos a este Gobierno y que en realidad no tienen de qué quejarse. Piénsenlo: ¿no está sobrevalorado lo de salir de casa cuando la crisis está acabando con los restaurantes, los cines y los museos, que se quedaron sin apoyos fiscales ni rescates ni demás mamarrachadas neoliberales?

“Bueno –dirán–, exageras. Alguna fonda, algún trapiche quedará”. Y sí, es probable. Pero, ¿qué les asegura que no se contarán entre los diez millones de nuevos pobres que va a dejar este sexenio, de manera que no les va a alcanzar ni para el juguito de caña?

Aunque no hay que ponerse tan dramáticos. No hablemos de pobreza. A lo mejor solo eres una de las miles y miles de personas que o ya perdieron o perderán su empleo porque la inversión, entre reformas eléctricas y cierres de aeropuertos, está a la fuga. O no, puede que no pierdas tu empleo. Igual cabe la posibilidad de que no quieras salir para evitar una bala perdida o un secuestro: también abundan.

“Okey, pero es que nos van a censurar las redes. Encerrados y mudos”, dirán. Y sí, puede. Pero, de nuevo, valoren a esta administración. Y es que, ¿importa que Twitter lo controle Ricardo Monreal cuando de todas formas no va a haber energía eléctrica, con la concentración del poder en Manuel Bartlett, Lord Pastizales?

De veras, ¿no sé de qué se quejan? La Cuarta va.

 

                                                                                                                                        @juliopatan09