Castillo Cervantes, el apagafuegos de Peña Nieto

El bajo perfil de Castillo Cervantes se esfumó en 2010, cuando se convirtió en procurador del Estado de México y resolvió el caso Paulette

Castillo Cervantes, el apagafuegos de Peña Nieto
Foto: Cuartoscuro / Archivo También se encargó de la investigar las causas de la explosión en la Torre de Pemex en 2013

Alfredo Castillo Cervantes fue uno de los funcionarios que integraron el círculo rojo del expresidente Enrique Peña Nieto. Además de considerase su amigo, fue uno de sus apagafuegos y también uno de los que más escándalos género a ese grupo político. 

Su lista de polémicas va desde encontrar a la niña Paulette debajo de un colchón en 2010; desarmar a los grupos de autodefensas y luego pactar con el crimen organizado en 2014; llevar a su novia a las Olimpiadas de Río de Janeiro con cargo al erario y acreditación de atleta, así como uniformes a la delegación mexicana con Hugo Boss. 

El bajo perfil de Castillo Cervantes se esfumó en 2010, cuando se convirtió en procurador del Estado de México y resolvió el caso Paulette en unos días: concluyó que la niña –cuya desaparición ya generaba un escándalo político al aspirante presidencial Peña Nieto– fue hallada sin vida y debajo de su colchón. 

Al ganar la Presidencia (2012), Peña Nieto lo incluyó en el primer círculo de su equipo de transición como encargado de los temas de Justicia. Ya en el nuevo Gobierno, lo nombró subprocurador de Control Regional, Procedimientos Penales y Amparo.

Bajo su mando tuvo las investigaciones para la sorpresiva detención de Elba Esther Gordillo, líder del sindicato magisterial, quien en 2018 quedó absuelta por falta de pruebas. 

También se encargó de la investigar las causas de la explosión en la Torre de Pemex en 2013, cuyas conclusiones fueron que una combinación de sedimentos, restos de hidrocarburo generaron vapores que al contacto con metano generan el incidente. 

En mayo de 2013, cuando estalló un escándalo mediático en la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), porque Andrea Benítez, hija del procurador, mandó clausurar un restaurante porque le negaron una mesa, Alfredo Castillo salió al quite y fue nombrado en ese cargo. 

Apenas pasaron ocho meses y otra bola de fuego impactó al Gobierno de Peña Nieto: en enero de 2014, las autodefensas de Michoacán, comandadas por José Manuel Míreles e Hipólito Mora, anunciaron su sublevación para combatir al cártel de Los Caballeros Templarios. 

Por lo que el 15 de enero resurgió como apaga fuegos y se le nombró Comisionado para Seguridad de Michoacán. En ese cargo  obtuvo poderes plenipotenciarios, pues durante la crisis política que sufrió Michoacán por renuncia y arrestos de sus gobernadores, prácticamente fungió como mandatario alterno al grado de que le apodaron El Virrey

En su estancia en Michoacán nombró a un gabinete local alterno y pactó el desarme de las autodefensas, con el compromiso de que el Gobierno exterminaría a los Templarios. 

Para 2015, declaró que ese cártel había desaparecido; sin embargo, los informes de inteligencia del Gobierno federal lo siguen mencionando y Castillo fue acusado por los líderes de autodefensas de pactar con ese grupo del crimen organizado para desarmarlos y seguir operando. 

Entre abril de 2015 y noviembre de 2018 fungió como titular de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade), cargo en el que fue acusado desde llevar a su novia a las Olimpiadas de Río con gafete de atleta, así como de gastar cuatro millones de pesos para uniformar a la delegación mexicana con la marca Hugo Boss, así como de diversos malos manejos que ahora le causaron la inhabilitación como funcionario por 10 años.

AR