Cuando una cotización como la del peso frente al dólar rompe una de nuestras barreras psicológicas, entonces le ponemos atención y todo el mundo trata de encontrar explicaciones con lo primero que se encuentra en el camino.

Ayer, la moneda mexicana, en su cotización interbancaria regresó a niveles superiores a los 20 pesos por cada billete verde. Un nivel en el que ya había estado a principios de este año, pero rápidamente nos acostumbramos a creer que el peso puede ponerse fuerte por largo tiempo.

La realidad es que la moneda mexicana es un pasajero más del mundo interconectado de los mercados financieros. Uno que, ciertamente, se ha ganado un lugar en business class, no digamos en primera clase, como las principales monedas del mundo, pero sí un lugar destacado entre las emergentes por su alta operatividad en los mercados del mundo.

Muchos siguen añorando el mercado cambiario de los años setenta del siglo pasado, cuando México le ponía precio a su moneda y lo hacía un instrumento de su política interna y de paso un elemento más de la mexicanidad.

Es la fecha en que el presidente Andrés Manuel López Obrador presume las apreciaciones cambiarias como si fueran logros de Gobierno, como si se tratara de los tiempos de Díaz Ordaz o Luis Echeverría.

Hoy no, hoy la mayor parte de los movimientos que sufre la moneda mexicana están vinculados con factores externos.

Eso no significa que haya un divorcio total entre lo que ocurre en México y lo que sucede con su moneda. Hay mucha atención a lo bueno y lo malo que sucede en este país y eso mueve los mercados.

Y es que no faltaron los que vieron en la ligera depreciación del peso de este inicio de semana una especie de reacción desesperada de los inversionistas ante el anuncio del propio presidente López Obrador de haber dado positivo a Covid-19.

La moneda mexicana inició un camino de depreciación marcada desde el jueves pasado, que nada tiene que ver con la enfermedad del Presidente. El miércoles de la semana pasada la paridad se ubicaba en niveles de 19.56, ayer alcanzó los 20.18.

Esto tiene más que ver con las dudas que hay en los mercados sobre el paquete económico prometido por el Gobierno del presidente estadounidense, Joe Biden, que no acaba de concretarse.

Y es que son miles de millones de dólares que no solo mueven la paridad del peso mexicano, sino prácticamente cualquier mercado del mundo.

Claro que pesa que la economía mexicana haya sido dejada a su suerte por el Gobierno federal, que las expectativas de recuperación económica se han afectado por el repunte de los casos de Covid-19. Pesa la animadversión de la 4T hacia los empresarios y el congelamiento de las inversiones.

Pero ya no son los años ochenta o noventa del siglo pasado cuando el peso se devaluaba solo por las pifias internas. Hoy, afortunadamente, la moneda mexicana sí ha dado ese paso de madurez y de internacionalización que muchos políticos locales no tienen.

 

                                                                                                             @campossuarez