Covid, delincuencia y familia como esperanza social

TABLERO POLÍTICO
Mario Antonio Ramirez Barajas

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de 24 HORAS.

Dr. Mario A. Ramírez Barajas

*Doctor en Administración Publica por la Universidad Anáhuac y presidente de la Federación Nacional de Ajedrez de México (FENAMAC).

Hace muchos años, cuando era estudiante de secundaria, recuerdo con claridad la lectura de un libro del gran escritor uruguayo Mario Benedetti, llamado ‘‘Pedro y el Capitán’, en un relato muy breve describe la relación entre un torturador de la dictadura y un guerrillero capturado de quién pretenden obtener información para detener a sus compañeros de lucha gracias a esa delación. Por supuesto, nunca lo logran.

Bueno, eso sucede en el texto, seguramente en la vida real debe ser sumamente difícil soportar mental y físicamente un maltrato prolongado, espero a mí nunca me pase.

El nudo de la historia se centra en la reflexión sobre la coexistencia de un hombre capaz de ejercer la violencia a través de la tortura, con su familia. ¿Cómo es posible recibir el beso limpio de un hijo o la cálida caricia hogareña de tu esposa, después de infringir un daño físico y psicológico irreversible a otro ser humano?

Por eso me cuesta mucho comprender la saña de la delincuencia al articular su modo de operar.

No entiendo que le pueden decir a su familia, y mucho menos cómo utilizan sin el menor remordimiento, en su casa, el dinero obtenido por medios ilícitos y envueltos en una violencia sin límite ni sentido. Estudios científicos los definen como sociópatas, fríos y ansiosos, insensibles a lo humano.

Si fuera posible asomarse al interior del cuerpo de un inocente asesinado, veríamos una casa llena de luz con su familia esperando por él como todos los días, en cambio en el de un sicario debe ser un lugar oscuro, frío y sin luz. No puedo comprenderlo de otra manera.

Cherteston en uno de sus ensayos más lúcidos, jugaba con culpar al capitalismo al sustituir la figura paterna del jefe de familia, por la del patrón; los núcleos de viviendas agrupadas por similitud social, por otros amontonados alrededor de las fábricas y los centros de trabajo. El socialismo hace lo mismo, pero a través de un aparato burocrático partidista.

La debilitación del núcleo familiar se refleja por completo en el tejido social en su totalidad.

Nuestra generación, al menos los nacidos entre los 50,s y 70,s, ha vivido una transformación profunda de modelo familiar donde hemos pasado de un patriarcado indiscutible, a la integración de la mujer al mercado laboral.

Nuestras esposas trabajan, ya no hay madres de familia todo el día haciendo el quehacer en espera del esposo y, en los estratos sociales donde todavía sucede esto, la calle se ha tragado a los niños y los regresa digeridos, más identificados con la influencia de los cabecillas de sus grupos que con las de sus padres.

Los valores familiares, la solidaridad y el sentido de pertenencia están perdiendo peso ante la velocidad de la evolución de nuestra civilización.

Tal vez sea cuestión de espacio, en el ajedrez las piezas necesitan casillas libres para participar con éxito en la batalla,de hecho una gran parte de la estrategia del juego depende de la habilidad para ampliar los espacios propios y reducir los del contrario. Bien mirado eso le hemos hecho al mundo, reducir los bosques, las especies animales y vegetales y ahora lo hacemos como cualquier organismo autófago con nuestra propia comunidad, conjuntos habitacionales de poco más de 60 metros cuadrados para familias completas, pocas oportunidades de empleo y de escalar en la estructura social.

Hace unos días, navegando por el mar de información de internet, encontré unos datos muy duros en relación a México, publicados por el CEPAL (Comisión latinoamericana para América Latina y el Caribe): las dos terceras partes de la riqueza están en manos del 10% más rico del país y el 1% de los muy ricos acaparan más de un tercio. Seguimos viviendo en la ley de la selva donde el más fuerte sigue viviendo a costillas del más débil. No hay espacio para resolver las necesidades económicas más apremiantes o para mejorar el nivel de vida. Por eso muchos pretenden ampliarlo a cualquier costo.

No estoy seguro totalmente pero creo esto puede explicar mucho, aunque no sea suficiente para comprender todo.

En realidad de esto hablamos poco, hay un estruendo callado, no alzamos la voz, esa debe ser nuestra esperanza.

Al más puro estilo de Marguerite Yourcenar en “Alexis o el tratado del inútil combate”: “Todo silencio está hecho de palabras no dichas”.

Hay que llenar el silencio en nuestra sociedad, como los espacios en el ajedrez.

Más del autor