En el manual del populista siempre aparece en los primeros lugares la necesidad de contar con enemigos.

Antagonistas a los cuales poder responsabilizar de todos los errores propios y a quienes echar la culpa de las decisiones más arbitrarias e impopulares.

Los ejemplos sobran todos los días. Algunos son tan rupestres como echarle la culpa de un apagón masivo que afectó a millones, provocado por la mala administración de la Comisión Federal de Electricidad y los criminales recortes en el mantenimiento, a una quema de pasto.

Pretextos y culpables, siempre deben tenerlos a la mano para evitar cuestionamientos ante sus pifias.

Los enemigos internos son indispensables para ganar posiciones electorales, para desarmar a las oposiciones y para estigmatizar a los grupos que puedan ser contrarios a sus políticas. Como los empresarios, son mafiosos, son los que usan el outsourcing para afectar a los pobres, son los que ambicionan algo más que tener solo un par de zapatos y dos prendas de vestir, como lo dijo el propio Presidente.

Pero una vez que arrasan con la oposición interna, una vez que sientan las bases, por la vía democrática o no, para aferrarse al poder, necesitan otros enemigos que permitan cohesión social interna.

El virus SARS-CoV-2 pudo ser ese enemigo perfecto para unificar al país, pero el pésimo manejo de la pandemia, más esa obsesión por la polarización hicieron del combate a la Covid-19 el problema más grave, hasta ahora, del Gobierno.

Viene el siguiente intento de quedar bien con todos, claro, con una visión electoral, con la aplicación de las vacunas. Pero, dados los antecedentes, es muy probable que también lo hagan muy mal.

Pero, se necesita un enemigo externo, uno que saque el “masiosare” que todos llevamos dentro y unifique las voces en torno al Presidente.

Ante la falta de marcianos, el primer antagonista elegido por la 4T fue el reino de España. Que si la conquista y la exigencia de disculpas, que si se llevaron el penacho de Moctezuma y lo queremos de vuelta, que si las empresas de energía limpia se roban nuestro aire, en fin.

Pero no pegó. España ya no representa en estos tiempos ese extraño enemigo que sí lo fue en otros tiempos de la historia de México.

La 4T parece haber elegido un enemigo externo. Y no se fue por algo suavecito, pero sí por uno que les mueva el sentimiento patriotero a sus seguidores: Estados Unidos.

Y como no se podía pelear con el alter ego de Donald Trump, por aquello del “te pareces tanto a mí…”. Pero estamos a 15 días de que llegue el antagonista perfecto.

Un presidente institucional, un Gobierno ecologista, una administración demócrata que tiene que limpiar su propio país de los daños que dejó el populismo.

Ya vendrán los problemas con los temas energéticos, pero pueden tardar y no serán comprensibles para todos. Por eso lo que ahora de la chistera de la 4T sale el nombre de Julian Assange, acusado por Estados Unidos de cargos de espionaje, como el buscapiés para generar desacuerdos con Washington.

La oferta de asilo político a Assange no puede ser otra cosa que la búsqueda de ese antagonista externo que confronte a la 4T.

 

                                                                                                           @campossuarez