Quizá para matizar su incomodidad ante la grabación, evidente en un semblante tenso y brazos cruzados, Míchel saludaba diciendo “Querida familia universitaria”, para después soltar la bomba, “les informo que muy a mi pesar he decidido dejar la dirección técnica de Pumas por motivos personales y familiares”.

Faltaban unas horas para arrancar el certamen más ansiado que nuestro futbol haya tenido, ese que emergía tras la primera suspensión de un torneo de liga en México desde 1931. Detrás quedaba el certamen de pretemporada denominado Copa por México, en el que Pumas apenas había anotado un gol en tres partidos, reafirmando las sensaciones de que tan austero proyecto no daba para demasiado y que lo de Míchel no eran motivos personales sino inconformidad con lo que recibió para trabajar.

Como principal alta se había integrado un veteranísimo portero, Alfredo Talavera, al que su antiguo club, el Toluca, le seguiría pagando parte de su sueldo con tal de quitárselo de encima. ¿Era incapaz la cantera puma de generar un guardameta con suficientes garantías como para no ir por uno que estaba por cumplir los 38 años? El panorama lucía por demás sombrío.

Instantes después de la escapada de Míchel, los auriazules anunciaban como director técnico interino a quien hasta entonces se había ocupado de dirigir sus fuerzas básicas, Andrés Lillini. Ante el clamor de que lo lógico era que se cediera el cargo al auxiliar de Míchel, Israel López, se asumió que Pumas no lo consideró para cuidarlo, vistas tan pesimistas perspectivas. Así que el que fuera un espléndido lateral surgido precisamente de esa cantera, fue mantenido como auxiliar, ahora respaldando a Lillini.

¿Quién confiaba en Pumas? Muy pocos por no caer en el absoluto de decir que nadie.

Un par de días después del anuncio de Míchel, Pumas debutaba derrotando a Querétaro… lo que atribuimos a la cantidad de jugadores que el cuadro de Gallos había perdido. En la siguiente semana se imponía al Atlas… y concluíamos que eso tampoco daba para conclusiones. Ahora encadenada cuatro empates al hilo, incluida la igualada ante los dos poderosos conjuntos regiomontanos. Luego otras cuatro victorias al hilo y ya nadie podía dudar.

Sin embargo, el mayor de los logros de Lillini no sería el subliderato, sino algo más complejo: que Pumas se volviera al fin a ver como Pumas. Henchido en garra y fe, capaz de sufrir y subsistir, pleno en dignidad y pundonor, vertical y dinámico, sin miedos ni complejos. Como complemento, la cantidad de juveniles mexicanos que llegarían a las alineaciones para quedarse. Alejandro Mayorga, Johan Vasquez, Erik Lira, Carlos Gutiérrez, más Alan Mozo que ya tenía camino.

La preocupación rumbo a la liguilla es la lesión de ese mismo portero al borde de los cuarenta años y desdeñado en Toluca. Difícil dudarlo, Talavera fue la más exitosa de las altas en todo el campeonato.

Se recupere o no, ya sabemos lo que veremos en C.U. en la fase final: un equipo que, tras largo tiempo desentendido de su genética, ha recordado quién es.

 

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Alberto Lati

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