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FOTO: PIXABAY Según Boltunov, la temporada sin hielo del Mar de Kara se ha alargado en las últimas décadas  

Los científicos del norte de Rusia han descubierto un enorme lugar de concentración de morsas en las costas del Mar de Kara, donde su hábitat está amenazado por la disminución del hielo y la actividad humana.

El sitio, un lugar de refugio donde las morsas se congregan, se reproducen y socializan, está situado en un remoto rincón de la península rusa de Yamal, y los científicos dicen haber contado más de 3 mil  animales el mes pasado.

Las concentraciones de morsas han sido tradicionalmente localizadas en el hielo marino a la deriva o en las islas del Ártico, dicen los científicos. Pero los ciclos climáticos más cálidos significan que el hielo marino se está reduciendo y los hábitats están bajo la amenaza de la exploración de petrolera y del aumento de la navegación en el Ártico.

“Esta concentración es única porque hay morsas tanto hembras como machos, así como crías de diferentes edades”, dijo Aleksander Sokolov, investigador principal del Ártico en la Academia de Ciencias de Rusia, quien calificó el hallazgo como un “laboratorio único al aire libre”.

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) catalogó a la especie como “casi amenazada” en 2016, estimando que el número total de morsas atlánticas adultas en el mundo es de 12 mil 500.

Antes de la prohibición internacional de su caza comercial a mediados del siglo XX, su número se veía amenazado por la sobreexplotación de su grasa y su marfil.

Andrei Boltunov, del Centro de Investigación y Expedición de Mamíferos Marinos, dijo que el sitio de Yamal, que fue descubierto por primera vez el año pasado pero sólo documentado adecuadamente el mes pasado, mostró que la población de morsas atlánticas se estaba recuperando.

“Queremos creer que es una señal positiva”, dijo Boltunov, quien agregó que hay muy poca información por ahora para sacar conclusiones generales.

Según Boltunov, la temporada sin hielo del Mar de Kara se ha alargado en las últimas décadas.

Los científicos han tomado muestras de ADN y han colocado etiquetas satelitales a varias morsas para controlar sus movimientos durante varios meses.

Pero Boltunov dice que se requirió mucho trabajo para establecer lo que hizo esta particular playa del Ártico tan atractiva para miles de morsas y qué medidas podrían tomarse para protegerlas.

 

ica