Provocación sin feminismo

Salvador Guerrero Chiprés

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La interrupción del embarazo es legal desde el 2007 en la Ciudad de México. Ello hace muy poco creíble que las manifestaciones de presuntas feministas, con la violencia descrita y desplegada en los medios y ante ellos, esté relacionada con esa causa histórica de las mujeres.

Para no variar, hubo más heridas entre las mujeres policías que en cualquier contingente. Hasta este lunes a las 18:00 horas, eran cuatro; ninguna manifestante. Es obligación de la Policía la doble misión de resguardar el derecho a la libertad de expresión como el de la protección de la integridad de las personas y de sus bienes.

Las mujeres policías, mujeres que son invisibilizadas por las manifestantes y se convierten en cuerpos representativos únicamente “del Estado”, carecen de identidades personales merecedoras de respeto por un simple porrazo de esas células activadas desde las diversas combinaciones de ingenuidad y provocación que son posibles en esta hora del país.

Algo de imaginación política donde cierta forma evolucionada de la retórica, una actualizada narrativa, o un gesto simbólico superior y distinto de aquella violencia desplegada “a favor del aborto” tomara el lugar de la violencia exhibida, fortalecería más el reclamo de esta causa en la que nuestra capital fue pionera.

La protesta es encapuchada. Y a quien no le guste, batazo, gasolina y fuego, molotov y cualquier otro coctel. ¿Hay algo de machismo patriarcal en esa forma de “feminismo”?

Del equilibrio del ejercicio del poder habla la prudencia de la estrategia de contención y encapsulamiento, aunque no incluya el privilegio, para las mujeres policías, de que hay garantías de seguridad.

Paralelamente, existen otros pequeños grupos que invierten en formas de desestabilización de otras capacidades institucionales. Está ahí el caso de la empresa de administración de talento, GINgroup, destapado por la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum. Directamente la titular del Gobierno local reveló, fotos y datos de por medio, el comportamiento de algunos ejecutivos.

A partir de una notificación ciudadana compartida por Sheinbaum supimos de las actividades de María Beatriz Gasca Acevedo, quien entregaba víveres, estímulos reveladores de su maniobra personal y eventualmente del consorcio para el cual trabaja o supuestamente “dejó de trabajar” según el comunicado de este mismo lunes.

Inquietante saber que Raúl Beyruti Sánchez, presidente de la compañía, y Gasca Acevedo, vicepresidenta de Responsabilidad Social y Recursos Humanos, pudieran ser parte de quienes financian la toma de la sede de la Comisión Nacional de Derechos Humanos en el Centro Histórico, en la que también participan mujeres y colectivos feministas con reclamos legítimos.

Beyruti figuró en el puesto 89 como uno de los 100 empresarios más importantes de México de la revista Expansión en 2018. Dos años después se descubre su mano tras algunos grupos “feministasapoderados de las instalaciones de la CNDH y agresores de mujeres policías. A ver quien los “Frena”.

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