Las secuelas psicológicas del Covid-19

Omar Sanchez de Tagle

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de 24 HORAS.

@osdtagle

El 24 de agosto pasado fue el peor regreso a clases, y no lo digo por la propuesta del Gobierno federal de transmitirlas a través de distintos canales de televisión, ni por el intento de las escuelas particulares de hacer sus clases en línea.

Por años niños y jóvenes han estado nerviosos por su primer día en la escuela, por conocer a los nuevos compañeros o reencontrarse con aquellos amigos que no vieron durante las vacaciones.

Los centros escolares no solo son un espacio de aprendizaje, son el inicio y conformación de la socialización. Es en la escuela donde se aprende a no depender de los padres, es el lugar en el que se empieza a determinar la personalidad de cada individuo y en donde el trabajo en equipo será a futuro el reflejo del desempeño de cada generación en la sociedad.

La generación de niños y jóvenes está perdiendo un gran momento, si bien las tecnologías han logrado aminorar el problema de la enseñanza y el aprendizaje. No podemos dejar de lado que esta pandemia ocasionará diversos problemas a corto, mediano y largo plazo.

Estos efectos sin duda alguna ya tienen consecuencias en niños de educación preescolar y primaria. Ellos han perdido la oportunidad de socializar, ahora su miedo no es llegar a la puerta de una escuela y enfrentar su mundo solos. Hoy su temor, molestia y hasta llanto es sentarse frente a un televisor o una computadora y entender lo que se explica.

En esta primera semana de clases me tocó ver como una escuela organizó virtualmente la hora de lunch, los pequeños de entre cinco y siete años de edad estaban sentados en sus salas, recámaras o escritorios. Las maestras platicaban, les contaban historias y lucharon por mantener su atención.

En ese breve espacio virtual, no hubo interacción entre los niños, no se preguntaron entre ellos que estaban comiendo y solo una pequeña reflexiono y dijo, “ahora con el covid, no podemos ni debemos compartir nuestro lunch”.

Esas pequeñas experiencias de convivir en la escuela los primeros años de vida, son invaluables y esta generación al menos este año las perdió.

Estamos en un momento en el que autoridades y sociedad debemos analizar cómo rescatar en un futuro a estas generaciones. En estos momentos es casi imposible modificar el rumbo de poco aprendizaje que tendrán.

Pero desde ahora sería importante trabajar en un modelo basado en un análisis que mida las afectaciones educativas y psicológicas que esta pandemia dejó en niños y jóvenes. Un modelo que reconozca los rezagos que había antes de la pandemia y que por tanto ayude a plantear estrategias de recuperación.

Sin duda pensar en los niños es muy importante, pero no podemos olvidar que otro de los factores primordiales son los maestros, muchos de ellos no la están pasando bien. El reto de enfrentarse a las nuevas tecnologías, de no poder asesorar personalmente a los pequeños, los está frustrando.

Por eso será importante no olvidar que también se tendrá que trabajar con los docentes en un mediano plazo. Preguntarles sus experiencias, pero sobre todo sus frustraciones, pues es a través de estas últimas que se deberá elaborar un plan de trabajo.

 

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