El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el próximo relevo de su dirigencia dejan ver que las divisiones continentales son importantes y que se acentúan cuando se enfrentan los estilos populistas de gobernar.

El BID es codiciado porque es el prestamista de la región y vaya que son tiempos en que muchas naciones podrán requerir de esos recursos para salir de la crisis.

Pero también son tiempos en que hay claras divisiones en la conducción política de los países. Es la América de Nicolás Maduro en Venezuela, de Trump en Estados Unidos o de Bolsonaro en Brasil. Se parecen en las formas, pero son totalmente diferentes en el fondo.

Resulta que el candidato más adelantado para sustituir a Luis Alberto Moreno al frente del BID, elección que se tiene que llevar a cabo en la reunión virtual que debe realizarse los próximos 12 y 13 de septiembre, es el estadounidense Mauricio Claver-Carone.

Este personaje, además de ser consejero y candidato de Donald Trump, es un claro opositor a los regímenes de Cuba y de Venezuela.

Este posicionamiento viene muy bien a los regímenes democráticos de la región que han combatido a esas dos dictaduras, pero molesta a muchos simpatizantes de esos sistemas políticos.

De hecho, Claver-Carone ya cuenta con el respaldo de 17 países latinoamericanos. Pero el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, bajo el mando del presidente Alberto Fernández, en Argentina encabeza una oposición a esta candidatura estadounidense.

El argumento de los argentinos, al que también se han sumado Costa Rica, Chile y México, es que con la pandemia no hay las condiciones para llevar a cabo ese relevo y que habría que esperar al próximo año. Lo que claramente parece una estrategia dilatoria para minar la candidatura de Claver-Carone. Es, pues, una oposición al personaje, no a los tiempos.

El Banco Interamericano de Desarrollo y sus 47 socios reparten el peso de su voto dependiendo la intervención financiera que tienen para fondear los préstamos a la región. Por ello es que Estados Unidos, uno de los grandes aportantes, tiene el 30% del peso del voto. Mientras que los cuatro opositores abiertos, México, Argentina, Costa Rica y Chile, concentran poco más de 20% del peso del voto.

Quien aspire a la dirección del banco requiere del respaldo de al menos 15 de los 28 países americanos integrantes del BID para conseguir el puesto, por lo que Claver-Carone ya tendría los votos necesarios. Pero la batalla de sus opositores es para postergar la elección y ganar tiempo para cabildear a favor de otro candidato. Por eso la molestia estadounidense.

Hay pues dos bloques con diferencias evidentes en confrontación por ese puesto. Y si bien en ambos bandos hay populistas consumados, queda claro que la defensa de los regímenes de Venezuela y Cuba se han metido en medio de el relevo en esta importante posición

Y, claro, en uno de los bandos está el candidato de Donald Trump, por eso la respuesta ha sido al nivel de los decibeles habituales del republicano. El Gobierno estadounidense ha advertido que no dejará que un grupo minoritario obstaculice la elección.

 

                                                                                                            @campossuarez