Ni el regreso del avión presidencial ni las acusaciones de Emilio Lozoya en contra de panistas por presuntos hechos de corrupción, pueden ocultar -como cortina de humo- que México es ya el cuarto país con más muertos por Covid-19 y el sexto lugar de contagios en el mundo.

 

Con casi 400 mil contagios y 45 mil defunciones a causa del coronavirus, pareciera retador, por decir lo menos, que el Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador insista en no usar mascarilla y peor aún, que desafíe al secretario de Hacienda, Arturo Herrera al decir que el uso de cubrebocas no reactivará la economía.

 

Por supuesto que el uso de las mascarillas de forma generalizada sí permitirá reactivar la economía señor Presidente, además de la sana distancia y del lavado constante de manos, usar las mascarillas aminora la transmisión del virus que ha paralizado al mundo entero.

 

Usar las mascarillas, permitirá el regreso de forma paulatina a los centros de trabajo, a las actividades educativas y a las actividades sociales.

 

Con el reinicio de las actividades, era inminente un incremento en los contagios, situación que ya se está registrando en la Ciudad de México y que la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, ha comenzado a enfrentar de manera activa, pruebas masivas, que tanto ha negado el gobierno federal, y módulos en las colonias con mayor contagio, son acciones que debieron haberse contemplado desde el inicio de la pandemia en México y a pesar de ser aplaudidas por el subsecretario de Salud Hugo López-Gatell, se niega a instaurar a nivel federal.

 

Pareciera que las autoridades federales prefieren seguir pagando el costo del alto número de contagios y muertes, antes que reconocer que pudieron haber hecho mejor las cosas con la aplicación de más pruebas y el uso temprano de mascarillas; la soberbia por encima de la salud.