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Churchill y De Gaulle: El viejo león y el doble metro

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Martha Hilda González Calderón

Winston Churchill miró fijamente al militar francés que había pedido ayuda para continuar la lucha contra el avance nazi. ¿Estaba frente a un estratega o un loco? Cuando lo cuestionó sobre el porqué Inglaterra debía apoyarlo, la respuesta de Charles de Gaulle le impactó: “porque estoy solo”. La lucha por la Francia libre había comenzado.

Revisar la vida de dos hombres que nacen en el siglo XIX y construyen su legado político a lo largo del siglo XX, es apasionante. Las vidas de Winston Churchill y Charles de Gaulle están esculpidas en las historias de Inglaterra y Francia, respectivamente. Visibilizar los puntos de sus encuentros y desencuentros y las similitudes de sus itinerarios de vida, puede ser interesante para resaltar paralelismos y aprender de sus lecciones.

Churchill, aristócrata inglés del linaje de los Malborough, nace en el palacio de Blenheim, en la campiña inglesa de Oxfordshire. La sugestiva leyenda en español, inscrita en el escudo de armas de la familia, “fiel pero desgraciado”, pareciera el sino de ese muchacho que pocas veces tuvo cercanía con sus padres.

De Gaulle, nace en el seno de una familia burguesa de profundas raíces católicas, en la mansión materna de Lille, en donde los padres inculcaron valores sobre la familia y la patria. De estatura alta, en su edad adulta tiene el sobrenombre de “deux metres” que en francés se pronuncia como “du maitre” (del maestro).

Ni Churchill ni de Gaulle se destacaron en los estudios. Sorprende que uno de los maestros del político inglés exclamara ante los pobres resultados de su alumno: “. . . no es posible que este muchacho haya pasado por la escuela. Debió pasar por debajo de ella”. Aunque el pequeño Charles tampoco se destacaba, aprende de su padre el gusto por la lectura. Los dos políticos son apasionados de la historia, magistrales oradores y empiezan a escribir desde el inicio de sus carreras.

La educación militar que ambos abrazaron es también otro paralelismo. Churchill graduado de la Real Academia Militar de Sandhurst, se enlista como teniente del cuarto regimiento de Húsares, y es enviado a la India. Desde ahí, envía artículos a distintos periódicos ingleses. Logra ser incluido en una misión militar al África y es capturado por los Boers, de quienes más tarde logra escapar. La derrota que sufriera en los Dardanelos, durante la Primera Guerra Mundial, es el inicio de los ataques de sus opositores.

De Gaulle se gradúa de la Escuela Militar de Saint-Cyr y es adscrito al regimiento de infantería. Durante la Primera Guerra Mundial, lucha en el sitio de Verdun, donde es herido y hecho prisionero. Cuando finalmente es rescatado, lo promueven como miembro del Consejo Supremo de Guerra. Tiene un primer desencuentro con Pétain, a raíz de su análisis histórico: “La Francia y su Ejército”.

Al estallar la Segunda Guerra Mundial, ya Churchill había probado las amarguras del ostracismo político al cambiar de partido. De ser llamado la “rata de Blenheim” pasa a ser “tábano belicoso” por el tono de sus discursos que alertaban sobre el riesgo nazi, en contra de la postura del primer ministro Chamberlain que buscaba una paz negociada con Alemania. A pesar de la animadversión, es nombrado primer ministro.

Churchill establece medidas como dar a los obreros del carbón, la jornada de ocho horas y medidas de seguridad; prohibió el trabajo bajo tierra de niños menores de 14 años e hizo obligatorios los descansos en el trabajo en las fábricas; estableció el salario mínimo, creó bolsas de trabajo en todo el país para disminuir el paro forzoso.

Por su parte, el general de Gaulle parte hacia Inglaterra a fin de negociar su apoyo. Cuando días después, el Mariscal Pétain asume el poder y de inmediato busca el armisticio con los alemanes, decide iniciar su propia lucha con un puñado de seguidores. Tiene la suficiente fuerza de carácter y obstinación para convencer a Churchill. El encuentro entre estos dos personajes pareciera una confrontación permanente. La desconfianza y la obstinación siempre estarán presentes pero en lo fundamental, se habían puesto de acuerdo: desde Londres, a través de los micrófonos de la BBC, los discursos del general de Gaulle prenden la llama de la resistencia.

Churchill resume estas dificultades, en esta frase: “La cruz más pesada que tuve que cargar, fue la Cruz de Lorena” símbolo de la Francia Libre. Por su parte, alguna vez ante una diferencia en un tema menor, de Gaulle señala: “Señor primer ministro, ¡ahora que tiene a Juana de Arco a su favor sigue decidido a quemarla!”.

El contraste fue la relación que los ingleses fortalecieron con los americanos durante la guerra. Roosevelt escribió a Churchill: “Es interesante coincidir en la misma época que usted”. A lo que éste respondió: “Conocerle fue como abrir mi primera botella de champaña”. Ambos se mofaban de su aliado francés, porque decían que se creía la nueva versión de Juana de Arco.

En el anecdotario de la agudeza de Churchill, señala Nixon, se cuenta que cuando George Bernard Shaw le mandó dos entradas de teatro con una nota en que se leía: “Venga a mi comedia y tráigase a un amigo, si es que tiene un amigo”, Churchill le correspondió con una nota de agradecimiento en la que escribió: “Tengo un compromiso para el estreno pero asistiré a la segunda representación, si es que hay una segunda representación”.

Después del triunfo de los aliados, los electores les dan la espalda a Churchill y de Gaulle. Acostumbrados a remar a contracorriente, ambos lo enfrentan de distinta manera: Churchill encabezando la minoría parlamentaria y de Gaulle dimite del débil gobierno de coalición que se había construido durante la guerra. Nixon interpreta así la dimisión del General: “Lo que en política separa a los hombres de los muchachos es que los segundos quieren ocupar cargos con el fin de ser alguien, y los primeros los desean con el fin de hacer algo”.

Otra similitud es el papel de apoyo y de no injerencia en temas políticos, de sus esposas Clementina Hozier e Yvonne Vendroux. La familia Churchill enfrentó el suicidio de la primogénita, Diana y los arrebatos de Randolph, su hijo. La familia de Gaulle siempre cuidó a la más pequeña hija que padeció retraso mental y murió a los 20 años. En su memoria, sus padres establecieron la Fundación Anne de Gaulle.

Coincidentemente, ambos estadistas regresan a la primera magistratura de Inglaterra y Francia: Churchill, en 1951, cuando con el triunfo de los conservadores, lo nombran nuevamente primer ministro. Por su parte, Charles de Gaulle es elegido presidente de la Republica en 1958, cuando tuvo las condiciones necesarias para construir la Vª República.

La obra que legaron Churchill y De Gaulle trasciende más allá de las fronteras. Luchar por su país y no ceder a presiones ni a concesiones, no claudicar a pesar de las derrotas. Tener siempre presente el valor superior de la Nación, son algunas de las lecciones. “Como los buenos vinos –señala Nixon- complejos, poderosos y sutiles al mismo tiempo; como los buenos vinos, su carácter ha resistido la prueba del tiempo.”

Como resumen de su vida, el primer ministro inglés señaló: “La nación y la raza tenían corazón de león. A mí me cupo la suerte de lanzar el rugido”. Cuando el rugido del viejo león se hubo apagado, el General de Gaulle escribió a la reina Elizabeth II, durante los funerales: “En este gran drama, él fue el más grande de todos”.

                                                                                                                @Martha_Hilda

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