El joven técnico apagó la electricidad en una torre celular en una zona rural de México para comenzar un mantenimiento de rutina.

A los 10 minutos, tuvo compañía: tres hombres armados vestidos con uniformes con el logotipo de un importante cartel de las drogas.

Los traficantes tenían un interés particular en esa torre, propiedad de American Tower Corp, con sede en Boston, que alquila espacio a los operadores en sus miles de sitios celulares en México. El cartel había instalado sus propias antenas en la estructura para dar soporte a sus radios bidireccionales.

De forma involuntaria, el contratista había dejado inoperativa la red clandestina. Al final, los visitantes lo dejaron salir tras darle una advertencia.

“La verdad estaba muy nervioso. Verlos armados frente a tí (…) no sabes cómo reaccionar”, contó el trabajador a Reuters recordando el episodio ocurrido en 2018.

“Vas acostumbrándote a convivir con ellos y a saber cómo responderles y ver cómo hacerles notar que no escondes nada, que no tienes nada, que no generas un peligro para ellos”, agregó.

El empleado había interrumpido un pequeño punto de enlace de una vasta red criminal que abarca gran parte de México.

Además de los teléfonos celulares encriptados de alta gama y las aplicaciones de mensajería populares, los traficantes aún dependen en gran medida de radios bidireccionales como los que usan la policía y los bomberos para coordinar sus equipos en el terreno, dijeron a Reuters seis expertos en seguridad en ambos lados de la frontera de México y Estados Unidos.

Los traficantes a menudo erigen sus propias antenas de radio en zonas rurales. También instalan antenas llamadas “parásito” en las torres de telefonía celular existentes, superponiendo su red de comunicaciones criminales sobre la red oficial.

Al aprovechar la infraestructura de las compañías de telecomunicaciones, los cárteles ahorran dinero y evaden la detección, ya que sus propias torres son más fáciles de rastrear y derribar, según expertos de la policía.

La práctica ha sido ampliamente reconocida por compañías de telecomunicaciones y funcionarios mexicanos durante años. El problema persiste porque el gobierno ha hecho esfuerzos inconsistentes para enfrentarlo y porque las empresas tienen pocos recursos para frenarlo, según expertos en crimen y en la sociedad mexicana.

“Hay una sensación de impotencia en México“, dijo Duncan Wood, director del Instituto México del Wilson Center en Washington. Añadió que las compañías sienten que “no pueden responder a problemas como este porque temen represalias de grupos que esencialmente disfrutan de impunidad”.

La Secretaría de la Defensa dijo que provee de seguridad, previa petición de las dependencias del gobierno federal correspondientes, para el desmantelamiento de equipos parásitos de los cárteles que están instalados en torres celulares.

La oficina del Fiscal General de México no respondió a una solicitud de comentarios sobre actividades delictivas en estos sitios. El Instituto Federal de Telecomunicaciones, el regulador nacional de telecomunicaciones y radiodifusión, dijo que su unidad de cumplimiento no había recibido informes de antenas parásitas de ninguna compañía bajo su jurisdicción.

Reuters ha proporcionado el primer reporte en profundidad de cómo los traficantes explotan la infraestructura de telecomunicaciones de México y el costo que tiene para los trabajadores. La empresa de noticias entrevistó a 14 empleados de telecomunicaciones actuales y anteriores sobre las interacciones que ellos y sus colegas han tenido con grupos criminales en las torres celulares.

Doce de ellos dijeron que habían visto antenas parásitos en torres pertenecientes a Telesites SAB de CV, una firma de alquiler de torres en la que la familia del multimillonario mexicano Carlos Slim es un accionista importante; así como American Tower, el operador estadounidense AT&T Corp, la española Telefónica SA y la mexicana Axtel SAB de CV.

Reuters ha omitido los nombres de los técnicos, los detalles de dónde trabajan y la mayoría de los nombres de los cárteles por protección de los trabajadores.

Dos técnicos compartieron textos que intercambiaron con colegas sobre encuentros con el crimen organizado en las torres, y uno de ellos compartió una foto de un de dispositivo ilícito que descubrió mientras trabajaba.

Los incidentes que contaron los 12 trabajadores sucedieron entre 2015 y 2020 en varios estados mexicanos.

La mayoría de los técnicos dijeron que encuentran los dispositivos, conocidos coloquialmente como narcoantenas, solo unas pocas veces al año. Pero un ingeniero que habló con Reuters estimó que las antenas parásito están presentes en aproximadamente el 20% de las torres donde trabaja su empresa, mientras que otro dijo que aproximadamente el 30% las tenían cuando los delincuentes locales eran particularmente activos en su área en 2018.

La regla número 1 para los técnicos cuando descubren equipos de cárteles en una torre es simple: no los toques.

Tratar con delincuentes en persona es más complicado, dijeron, y requiere diplomacia y una cabeza fría. Algunos dijeron que sus interacciones han sido cordiales, casi amigables. Otros dijeron que han sido amenazados, detenidos y a veces han temido por sus vidas.

“Dan a entender que ellos son los superiores”, dijo uno de ellos sobre la forma de comportarse de los criminales, similar a “cuando alguien quiere marcar territorio”, detalló. “No puedo ponerme nervioso (…) ellos perciben cuando alguien se siente seguro y cuando alguien tiene mucho miedo”, añadió.

PAGOS POR “SEGURIDAD”

Los cárteles y otros grupos criminales a veces exigen que los trabajadores de telecomunicaciones realicen un pago por “seguridad” o “cuotas” para realizar el mantenimiento y otros trabajos, según cinco contratistas que han trabajado en proyectos que involucran a América Móvil, la firma de telecomunicaciones de Slim, así como para American Tower y AT&T.

Los cárteles y otros grupos criminales a veces exigen que los trabajadores de telecomunicaciones realicen un pago por “seguridad” o “cuotas” para realizar el mantenimiento y otros trabajos, según cinco personas que han trabajado para proveedores de América Móvil, la firma de telecomunicaciones de Slim, así como para American Tower y AT&T.

Estas personas dijeron que la mejor estrategia es ser cortés, mantener la calma y pagar de inmediato. Esos costos se transfieren a sus empleadores; los trabajadores para subcontratistas dijeron que sus empresas a menudo cobran a las grandes compañías tarifas más altas por trabajar en áreas peligrosas.

Un portavoz de América Móvil y Telesites declinó hacer comentarios. Axtel, que vendió algunas de sus torres de telecomunicaciones en 2017, dijo que no había recibido ningún informe de incidentes en su infraestructura restante. AT&T dijo que “bajo ninguna circunstancia (…) tolera o autoriza pagos fuera de los establecidos por la ley”.

Un portavoz de American Tower dijo que “no se ha recibido ningún informe creíble” de antenas parásito u otras actividades de cárteles en las instalaciones de la compañía en México.

Añadió que la empresa alerta a las autoridades locales de inmediato si uno de sus sitios es objeto de vandalismo. “La seguridad de quienes trabajan en nuestras torres, así como la operación segura y continua de los sitios, son nuestras principales prioridades”, afirmó.

Guillermo Ramos, director de seguridad de Telefónica en México, dijo que la compañía no ha recibido ningún informe de antenas parásito durante al menos el año pasado.

Las narcoantenas son solo un aspecto de los dolores de cabeza de las compañías de telecomunicaciones en México. Los delincuentes asaltan su infraestructura en busca de baterías y cables de cobre para revenderlos en el mercado negro, dijeron a Reuters ejecutivos del sector.

Historias como esta se están desarrollando en las industrias de todo México a medida que los grupos criminales se extienden mucho más allá de las drogas. Los cárteles han extraído ilegalmente combustible por valor de millones de dólares de la petrolera estatal Pemex en los últimos años; roban carga y también madera. Los tentáculos del crimen organizado se extienden incluso a las regiones de cultivo de aguacate de México, donde los delincuentes extorsionan a los agricultores y secuestran cargas del fruto verde.

El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, asumió el cargo en 2018 abogando por un enfoque más suave de la guerra contra las drogas de sus predecesores con el lema “abrazos, no balazos”.

La intrusión de los carteles en negocios legítimos no comenzó bajo su vigilancia. Pero el cambio en la estrategia ha dejado a las empresas sin ningún lugar a donde recurrir, dijo Mike Vigil, exjefe de operaciones internacionales de la agencia antidrogas de Estados Unidos (DEA).

“López Obrador ha enviado un mensaje a todo México, incluido el sector privado, de que no quiere confrontación con los cárteles”, dijo Vigil. “Las compañías de telecomunicaciones están atrapadas en un lugar difícil”.

La oficina de López Obrador no respondió a solicitudes de comentarios. Anteriormente, el mandatario insistió en que México debe abordar la pobreza y otros factores que impulsan al crimen, además de imponer la ley y el orden.

“Nosotros tenemos que seguir enfrentando al crimen organizado, ya no hay protección para nadie, como era antes (…) Tenemos el compromiso de conseguir la paz y hemos avanzado en combatir, en disminuir delitos”, dijo el presidente en junio.

HERRAMIENTA DE VIEJA ESCUELA

Las radios son una herramienta indispensable para los cárteles y son parte de sus tradiciones. Incluso existe un narcocorrido que describe a los miembros de la organización de los Zetas hablando por sus teléfonos bidireccionales.

Cuando se trata de comunicarse en tiempo real con grandes grupos, la radio es difícil de superar. Estas redes a menudo están encriptadas y, a diferencia de las redes celulares, la ubicación de alguien que usa una radio no se puede identificar fácilmente, dijo Paul Craine, exdirector de las operaciones de la DEA en México y América Central.

Es necesaria una gran cantidad de antenas para alimentar esas redes, y las miles de torres celulares de México, muchas de ellas escondidas en áreas rurales, proporcionan lugares ideales para instalarlas. Craine dijo que vio consistentemente a cárteles colgarse de las torres de telefonía mientras trabajaba en México de 2012 a 2018.

Para un ojo entrenado, las antenas del cártel saltan a la vista. Al pie de la torre, los delincuentes colocan una radiobase, que genera las ondas de radio, a menudo metidas en una maleta o un refrigerador para la protección del sol, según Craine y los técnicos que hablaron con Reuters. Más arriba, instalan antenas parásitas para proyectar la señal.

Los criminales generalmente no se molestan con el camuflaje. Los Zetas son particularmente descarados, dijo Craine. Recordó haber visto hieleras con su logotipo, la letra “Z”. Un exingeniero de Huawei Technologies, el proveedor chino de telecomunicaciones, dijo a Reuters que uno de sus colegas le envió una foto de un dispositivo en una torre de Telesites a principios de 2018 con un letrero que decía: “Este equipo pertenece a los Zetas. Cualquier problema comunícate a (…)” seguido de un número de teléfono.

Cesar Funes, vicepresidente de Relaciones Institucionales para Huawei en América Latina, dijo que no había recibido ningún informe de antenas parásito. Telesites declinó hacer comentarios.

Esos equipos permanecen en las redes de las empresas, según los ejecutivos de la industria y los expertos en la aplicación de la ley, debido a la dificultad de vigilar las miles de torres, y a los riesgos que representaría para los ingenieros en campo retirar esos materiales clandestinos, muchos de los cuales no son reportados por miedo.

Las compañías de telecomunicaciones han reconocido en silencio la presencia de los cárteles en reuniones con funcionarios del gobierno mexicano. Gerardo Sánchez Henkel, exdirector de cumplimiento del regulador de telecomunicaciones IFT, dijo a Reuters que discutía el tema regularmente en reuniones con empresas antes de abandonar el gobierno en 2015.

El IFT dijo que no sabía si Sánchez Henkel había discutido el problema con las compañías durante su tiempo en el gobierno.

Marco Galván, quien fue director senior del grupo comercial de telecomunicaciones GSMA en México hasta febrero, dijo que las compañías a menudo lamentaban el robo y la presencia de dispositivos no autorizados en sus torres.

“Era un tema frecuentemente comentado por todos los operadores como algo que inhibía la inversión”, dijo.

La Asociación Nacional de Telecomunicaciones (ANATEL), un grupo comercial que representa a empresas incluyendo América Móvil, AT&T y Telefónica, dijo que las compañías encuestadas reportaron 62 antenas parásito desde 2017 hasta mediados de 2018, los datos más recientes disponibles. Cerca de 3 mil baterías fueron robadas de las torres celulares durante el mismo período, dijo.

El director general de ANATEL, Gabriel Székely, afirmó que no tenía más información para proporcionar sobre el fenómeno. En 2018, le dijo al periódico mexicano Reforma que estaba claro que los grupos criminales estaban aprovechando lo que las compañías habían construido.

“De repente encuentras equipos que no son los tuyos, son del crimen organizado, y hay lugares en donde ni siquiera te dejan entrar a dar mantenimiento a tus propias instalaciones, y no hay ni cómo acercarse”, dijo al periódico.

“PACTO DE CABALLEROS”

En las ubicaciones con mayor presencia de grupos delictivos, el mantenimiento de las torres a menudo tiene un precio.

Los cinco trabajadores que contaron a Reuters que ellos o sus colegas se habían visto obligados a pagar dijeron que esos encuentros generalmente involucraban a grupos de hombres armados que los confrontaban en las torres. Los trabajadores a veces no están seguros de con quién están tratando exactamente. En algunas partes de las zonas rurales de México han surgido organizaciones de autodefensa para llenar el vacío dejado por el estado, y estos vigilantes a menudo ejecutan esquemas de extorsión para financiar sus operaciones, dijeron analistas de seguridad.

Dos personas que trabajan para un subcontratista de AT&T dijeron que hay una serie de torres donde habitualmente pagan entre 500 y mil pesos (22.34 a 44.67 dólares) cualquier día que quieren realizar tareas de mantenimiento. Una de las personas estimó el número de torres en 11.

Reuters no pudo confirmar independientemente esos pagos.

A veces las demandas son mayores. En 2017, un grupo criminal exigió un pago de aproximadamente mil dólares a los subcontratistas que trabajaban en un proyecto grande para América Móvil, según un ingeniero. Los delincuentes incluso llamaron a un representante de Huawei, que supervisaba el trabajo, para escalar la amenaza, dijo la persona.

El ingeniero dijo que el grupo fue cortés durante las negociaciones y se dirigió a los trabajadores con respeto, hablándoles de “usted”. La cuadrilla no tuvo problemas después de pagar.

“Fue un pacto de caballeros”, dijo el ingeniero.

América Móvil declinó hacer comentarios. Reuters no pudo confirmar independientemente el pago.

Ese trabajador dijo que Huawei paga más a los subcontratistas que trabajan en áreas de alto riesgo, lo que permitió al subcontratista recuperar lo que pagó. Mostró a Reuters una copia de un contrato que incluía una “asignación para el sitio en una ciudad peligrosa”. Otros dos subcontratistas dijeron a Reuters que la asignación les ayudó a cubrir el costo de los pagos de extorsión.

Funes, el ejecutivo de Huawei, negó que la compañía pague a los grupos criminales por el acceso a sus sitios y dijo que la empresa tampoco permite que los subcontratistas lo hagan. Dijo que la compañía a veces paga tarifas más altas en mercados más pequeños donde es más difícil encontrar ingenieros.

Un portavoz de Huawei dijo que la compañía no podía comentar sobre asignaciones específicas, citando la confidencialidad de sus contratos con proveedores y empleados.

“Nunca pagaremos nada que esté (más allá) del alcance del contrato”, dijo Funes.

REGLAS DE SUPERVIVENCIA

Los técnicos que trabajan en zonas peligrosas de México dicen que no hacer que los narcotraficantes se enfaden es parte crucial del trabajo.

Un proveedor dijo que los delincuentes se mantienen cerca de las cuadrillas para cuidar que los trabajadores no toquen las antenas de los cárteles y para asegurarse de que no sean enemigos que los estén espiando.

“Trabajas con escolta de narcotráfico“, dijo el proveedor.

Los cárteles han secuestrado a técnicos que realizan tareas de mantenimiento en torres celulares para que arreglen sus redes, dijeron personas que trabajan en el sector. Los técnicos generalmente son liberados después de unos días, si no antes. Aun así, quienes hablaron con Reuters dijeron que viven aterrorizados de ser obligados por los traficantes a hacer ese trabajo para que no los maten por saber demasiado, o de convertirse en objetivos de las autoridades o grupos criminales rivales por ser cómplices. Siempre que sea posible, dijeron, minimizan su experiencia.

Después de experiencias traumáticas con los cárteles, algunos técnicos se niegan a ir al campo o han abandonado la industria por completo, dijeron personas que trabajan en el sector.

Un subcontratista estimó que 10 trabajadores, principalmente nuevos reclutas, abandonaron su empresa durante el año pasado debido a problemas de seguridad.

Incluso los más veteranos pueden tener problemas. En 2016, un técnico que trabajaba para un proveedor de América Móvil se enteró de que sus colegas habían sido rechazados de una instalación en un bastión del cártel.

Decidido a terminar el trabajo, el ingeniero se dirigió solo a la torre. Fue rápidamente rodeado por cinco hombres armados con armas largas y vestidos con ropas con las iniciales del grupo criminal. Lo obligaron a subir a su vehículo y lo llevaron a una casa en la ciudad, donde su jefe estaba esperando.

El ingeniero dijo que recordó su entrenamiento de seguridad y evitó mostrar miedo. Cuando el jefe del cártel se quejó de que sus antenas habían fallado, el técnico aprovechó una oportunidad.

“Nos interesa que la torre esté funcionando”, recuerda haber dicho. “Solo déjenos trabajar, y no interferiremos con su equipo. Por el contrario, lo revisaremos por usted”, añadió.

El cártel estuvo de acuerdo, llevando al ingeniero de regreso a la torre. Dijo que restableció el servicio en la torre e hizo una verificación superficial de las antenas del cártel. Trató de evitar cualquier solicitud de ayuda adicional, diciendo que era un supervisor cuyas habilidades técnicas estaban oxidadas.

El ingeniero mantuvo la compostura el resto de la tarde. Pero cuando regresó a su habitación de hotel esa noche, dijo que su cuerpo temblaba con tanta fuerza que pensó que podría estar teniendo un colapso.

“En el momento no paso absolutamente nada. Me encomendé a Dios (…) Ya después sí me entró el nervio”, dijo.

El joven técnico que interrumpió accidentalmente las comunicaciones de un cártel en una instalación de American Tower le dijo a Reuters que sabe el riesgo que está tomando. Pero afirmó que tiene una familia que mantener y gana más por trabajar en un territorio que muchos compañeros no tocarían.

Después de unos años trabajando en el área, dijo que había establecido una relación con los miembros de los grupos criminales, quienes a menudo lo dejaban pasar al lugar de trabajo con poco más que un saludo.

Él aprendió de su primer error. Ahora, antes de cortar la energía eléctrica, primero conecta las antenas parásito a un generador para asegurarse de que la red del cártel siga emitiendo sus ondas.

 

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