Si alguien se ha distinguido por marcarle los pasos del baile a la 4T ese es sin duda Donald Trump.

 

Puede el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador mandar al diablo a las instituciones autónomas, marginar a los empresarios y espantar capitales privados. Pero si la Casa Blanca, bajo las órdenes de este presidente republicano, dice que hay que frenar el flujo migratorio de centroamericanos en la frontera sur, la 4T hasta a la Guardia Nacional pone en la frontera norte para que no pase nadie.

 

Y no está por demás recordar que durante el primer desencuentro que tuvo México con la Organización de Países Exportadores de Petróleo y otros productores no aliados (OPEP+), fue justamente Donald Trump el que gentilmente puso los barriles necesarios para que este país cumpliera con el requisito de recorte en la extracción de hidrocarburos.

 

Ya después México acabó por romper con la OPEP+, por todos esos estorbos ideológicos que hoy lastran a nuestro país.

 

Pero como sea, el Gobierno de López Obrador ya le debía ese favor a Trump.

 

Y ahora que el republicano ya inició la campaña de reelección, con las encuestas en contra, con una pandemia no controlada y con una economía enfrentando la peor recesión en casi cien años, Donald Trump necesita lo que sea y de quien sea para hacerse publicidad.

 

Ante la base de electores del republicano, México ha quedado como un país que ha cumplido con las expectativas de La Casa Blanca. Trump prometió terminar con el peor acuerdo comercial jamás firmado en la historia de los Estados Unidos y entonces presionó para imponer sus condiciones en el que hoy conocemos como T-MEC. Un triunfo.

 

Trump prometió frenar la inmigración ilegal, justo cuando el Gobierno de López Obrador había iniciado su administración con la promesa de fronteras abiertas para los centroamericanos. Para qué apurarse con la construcción del muro si México está pagando por cuidar la frontera común. Y de paso mantiene en su territorio a los solicitantes de asilo.

 

Entonces, una visita de Andrés Manuel López Obrador en estos momentos de campaña presidencial en Estados Unidos serviría para que Donald Trump lo presentara como el presidente vecino que es muy colaborativo en los temas de su agenda presidencial.

 

Por eso es que el Presidente que detesta viajar, va a tener que subirse en estos días a un avión para volar a Washington donde lo requieren.

 

De ahí que, desde la cancillería, donde Marcelo Ebrard le entiende muy bien a la política, hacen todo lo posible para subir a esa inevitable foto de Washington al primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, para repartir los costos políticos de acompañar a Trump y etiquetar la reunión como el inicio formal de la entrada en vigor del T-MEC.

 

Trump le ha encontrado la medida a la 4T y en esta campaña echará mano de lo que sea para quedar bien con su base electoral. Lo que le queda a los que sí le entienden a estos temas dentro del Gobierno federal mexicano será minimizar los costos para el presidente López Obrador.

 

                                                                                                                                            @campossuarez