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Murió Susana-Distancia; todos somos sospechosos

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Con más miedo que certeza comienza México hoy su “nueva normalidad’’.

La mayoría de los estados ha diseñado sus propios métodos de control, temiendo que el regreso a las actividades productivas esenciales provoque un repunte de la pandemia.

El regreso se hará cuando el país, de acuerdo con el subsecretario Hugo López-Gatell está pintado de rojo, salvo Zacatecas, que está en amarillo.

Las medidas que algunas industrias como la automotriz, la minera, la de la construcción o la aeroespacial están tomando para evitar el contagio entre sus trabajadores son las que hemos aplicado en esta cuarentena:

Distancia de dos metros entre cada trabajador, uso de gel antibacterial, control de temperatura, uso de cubrebocas y mascarillas.

Todo eso es insuficiente si finalmente los trabajadores y sus familias no siguen las reglas de sanidad fuera de las fábricas.

En la CDMX, Claudia Sheinbaum ordenó una serie de medidas, que van de los horarios escalonados para evitar aglomeraciones en las estaciones del transporte público -eso lo deben aplicar los empleadores- hasta hacer obligatorio el uso del cubrebocas para todos los capitalinos.

Se suponía que en los 32 estados del país se volvería a las actividades productivas siempre y cuando el número de contagios y fallecidos registrara por lo menos DOS semanas a la baja, pero eso no ha ocurrido a menos a nivel nacional.

Los contagios siguen en aumento al igual que los decesos, lamentablemente, pero la exigencia por volver a producir también han relajado la norma.

La “nueva normalidad’’ cambiará la forma de relacionarnos, nos hará sospechosos a todos y probablemente genere una indeseable segunda ola de contagios.

La discusión del fin de semana fue si el Gobierno tenía que ser más duro en la aplicación de medidas de distanciamiento o no.

La realidad es que la decisión de obedecer recae en cada uno de los mexicanos, algunos de los cuáles siguen sin creer que obedecer es cuestión de vida o muerte.

Suerte con el regreso.

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Por cierto, nos hicieron llegar un caso de una mujer que murió por Covid-19 en el hospital del IMSS en Texcoco, la semana pasada.

El caso es que la señora en cuestión fue ingresada el lunes en estado grave al hospital; la estabilizaron y dijeron a sus hijos que la intubarían.

El martes los médicos informaron a la familia que la bajarían “a piso’’ pues estaba respondiendo bien al tratamiento; el miércoles por la mañana, les hablaron para decirles que la señora había muerto.

Lo que la familia pregunta es por qué si estaba respondiendo al tratamiento murió; ya no hubo posibilidad de preguntar a los médicos pues a la familia solo les enviaron una foto de la señora para confirmar su identidad y tres días después les entregaron sus cenizas.

El acta de defunción dice “probable muerte por Covid-19’’, pero no sabemos sí esos casos también cuentan como fallecidos por esa causa en las estadísticas de López-Gatell.

La familia quiso exponer su caso solo para pedir mejor trato para las familias, más información, y un trato final más humano.

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El político Jaime Martínez Veloz, informó que el gobernador de Baja California, Jaime Bonilla, envió -o enviará- una iniciativa de ley para que el próximo Gobierno del estado solo duré 3 años en lugar de 6.

Si esto es así, alguien debería analizar no las acciones del gobernador sino su salud.

Tanto coraje le puede causar daño hepático o pancreático.

LEG

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