@guerrerochipres

 

Un segmento seleccionado de la prensa internacional señaló que en México se ocultan las verdaderas cifras de mortandad a raíz del Covid-19: dentro y fuera del Gobierno entramos a un debate respecto de los mecanismos de dictamen, así como sobre las particularidades de los esquemas de agregación al respecto.

En la discrepancia entre muerte por Covid y aquellas cuya causa está por determinarse, encontró su hueco una verdad y/o un estratagema aritmético, periodístico y político.

La contraposición debería ser el origen de una discusión rigurosa y ecuánime.

En una entrevista conjunta, Javier Lafuente, corresponsal y delegado de El País en México, Centroamérica y Caribe, y Azam Ahmed, jefe de la corresponsalía de The New York Times en México, Centroamérica y el Caribe, precisaron que sus datos no han sido negados e insistieron en las fuentes a las que se recurrió no pueden perder el anonimato.

Sin una verosimilitud a la altura de la pandemia, el estado sanitario de México se entorpecerá…y se perjudicará la seria valoración ciudadana requerida ante un evento gigantesco como el contagio y su tratamiento institucional.

Es inevitable pensar en que la convicción individual de los autores de las notas en cada medio no excluye la inadvertida participación de algún esquema en que fueron insertos por quien pudiera articular la información, el argumento y el esquema. Es imposible también, no advertir que en la reacción gubernamental hace falta evidencia de que tal estratagema existe.

En lo personal creo que sí existe quien desde dentro del Gobierno federal proporciona información en contexto y fuera de él, lo cual es propiciatorio de estos eventos periodísticos que son asumidos como si existieran por separado. Lo opuesto es suicida.

Los casos de Jayson Blair y Claas Relotius, periodistas que trabajaban para dos de los medios más importantes del mundo, causaron escándalo. Su trabajo provenía de la fabricación de testimonios y no del rigor del oficio.

Otro ejemplo, entre varias de las polémicas alrededor del World Press Photo, es el de Giovanni Troillo, quien en 2015 participó con material que falseaba la información del lugar donde se tomó la foto.

No es el caso. Pureza periodística absoluta, tampoco. En ningún lado.

Las palabras de uno de los grandes periodistas narrativos, Ryszard Kapuściński, son pertinentes: “La noticia debe servir para aumentar el conocimiento del otro, el respeto del otro. Las guerras siempre empiezan mucho antes de que se oiga el primer disparo, comienzan con un cambio del vocabulario en los medios”.

La encrucijada en la que se encuentra el Ejecutivo es una oportunidad para que el Estado y la prensa hagan sentir su peso ético y su eficacia demostrativa.

Necesitamos transparencia de las cifras tanto de los periodistas como de los ejecutivos federal como local. Sirve a esa tarea que el Gobierno capitalino, encabezado por Claudia Sheinbaum, se respalde en una independencia estratégica loable para reconocer datos y mostrarlos, incluso por Twitter.