@guerrerochipres

 

Desde las Naciones Unidas hasta la prensa de influencia internacional como el New York Times y, por supuesto, las autoridades federales y locales de nuestro país, se advierte que hay “evidencia emergente” —así lo parafrasea el reporte de la ONU— que indica una fuerte correlación entre violencia familiar y aislamiento por el Covid-19.

 

Ocurre en el mundo y ninguna localidad parecería escapar a su contagio.

 

En las últimas cuatro semanas se ha demostrado que el confinamiento, como medida preventiva, es una de las pocas vías contra la transmisión, pero también puede ser el detonante de condiciones vulnerables como el padecimiento de violencia doméstica, desarrollo de trastornos psicológicos y proliferación de información falsa.

 

A nivel internacional, sobran los referentes de que estas dos últimas condiciones evolucionan hacia otras: intolerancia y discriminación, ambas implícitas en la xenofobia.

 

Nuestro territorio no está exento de dichas manifestaciones: Ciudad de México, Sinaloa, Yucatán, San Luis Potosí, Guadalajara, Tabasco y Morelos son algunos de los puntos donde se sabe que han desarrollado contra aquellos de los cuales ni siquiera existe aún información. Los trabajadores de Salud reciben agradecimiento y al mismo tiempo son quienes más discriminación padecen.

 

En algunas localidades se les niega el transporte público o son incluso agredidos con cloro o a golpes. En el caso de Morelos, se amenazó con quemar un hospital. Los discursos de odio y la ignorancia están presentes en las redes sociales, pero también en la vida real.

 

En la capital, por ejemplo, tuvo impacto público el caso de un hombre joven contagiado de Covid-19 y discriminado por sus vecinos hasta el grado de prohibirle el acceso a alimentos.

 

La pandemia es una prueba para la civilidad y empatía de las sociedades. Un caso más reciente: en Oaxaca un funcionario, que dio positivo a las pruebas, le escupió a los pacientes y al personal del Hospital Regional de ISSSTE porque no se le brindó un trato “especial”.

 

Hace menos de una semana, la titular de Conapred, Mónica Maccise Duayhe, confirmó con datos concretos la agresión hacia pacientes y enfermeros, quienes no sólo sobrellevan la tensión de la pandemia, sino que sus Derechos Humanos —servicios de salud, trabajo— son vulnerados: 24 quejas recibidas en un promedio de dos semanas, la mayoría provenientes de la Ciudad de México, donde el Gobierno de Claudia Sheinbaum promueve la denuncia y la actuación pertinente de la autoridad.

 

La discriminación se dirige hacia personas de ascendencia oriental y gente que, pese al respaldo del Gobierno local, aún se encuentra vulnerable: grupos LGBTTTIQ o de mujeres con ideología feminista que, por increíble que parezca, son señalados por líderes religiosos como chivos expiatorios de la enfermedad.

 

Miedo, ignorancia y egoísmo son nuestros peores enemigos en un período que requiere ideales conjuntos y fortaleza.

 

Quedémonos en casa, cuidémonos. Denunciemos la violencia familiar y la discriminación.