Cuando pensamos en archivos, es probable que venga a nuestra mente la imagen de sótanos oscuros y polvosos, con cajas apiladas y repletas de documentos, donde encontrar algo es como hallar una aguja en un pajar.

No deben concebirse así, pues son un tesoro invaluable. Cada capítulo de la historia de México se narra y mantiene vivo a través de sus archivos, así pasará con el que actualmente estamos enfrentado en materia de salud.

A pesar de su importancia, las áreas encargadas de su organización, administración y conservación, han sido relegadas en recursos.

Con el desarrollo de los derechos de acceso a la información y de protección de datos personales, la regulación en materia archivística también ha avanzado: en 2012 con la ley federal de archivos, en 2016 con los lineamientos para su organización y conservación del Sistema Nacional de Transparencia, y en 2018, con la ley general en esta materia.

De acuerdo con el Diagnóstico 2016 del Archivo General de la Nación, para conocer la situación actual de los archivos del país, a nivel estructural, si bien se cuenta con un Sistema Institucional de Archivos, sólo el 42% de las instituciones tiene un área coordinadora de éstos y menos del 45% tienen sus archivos integrados al mismo.

Según este estudio, más de 60% del personal que labora en los archivos hace otras actividades, y sólo el 59% se capacita. Asimismo, solo el 30% disponía de instalaciones adecuadas para el resguardo de sus documentos, en tanto que el 24% contaba con mobiliario suficiente para este fin.

Por su valor, los archivos requieren de vigilantes a la altura de su cuidado, que son los archivistas.

En México, diversas universidades y escuelas cuentan con programas especializados para formar a estos profesionales. Así, la Universidad Nacional Autónoma de México, a través de la Facultad de Filosofía y Letras, tiene la Licenciatura en Administración de Archivo y Gestión Documental; la Escuela Nacional de Biblioteconomía y Archivonomía del Instituto Politécnico Nacional imparte la Licenciatura en Archivonomía; y la Universidad Autónoma del Estado de México, tiene una Licenciatura en Ciencias de la Información Documental.

No obstante, son pocos los egresados de dichas carreras. Por mencionar un caso, según el Segundo Informe de Actividades 2019 de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, la primera generación de la Licenciatura en Administración de Archivos y Gestión Documental que ésta imparte, contó sólo con 25 estudiantes en 2018.

La era digital ha cambiado y modernizado la gestión de archivos, generando conocimiento, ampliando sus alcances, e interrelacionándola con campos como la ciberseguridad, las tecnologías de la información y de la comunicación, el derecho a saber, la protección de los datos personales, la rendición de cuentas, entre otros más.

El archivista actual requiere una formación técnica, multidisciplinaria e innovadora. Por ello, las instituciones educativas deben revalorar esta profesión con ofertas integrales, para que las y los jóvenes mexicanos tengan incentivos para dedicarse a tan noble labor, de tal suerte que puedan incorporarse al mercado laboral, con buenos sueldos y opciones de crecimiento.

Con motivo de su día, 27 de marzo, reconozcamos a nuestros archivistas por su vocación de ser guardianes de nuestra memoria.

Comisionada Ciudadana del Instituto de Transparencia de la Ciudad de México (INFO) twitter: @navysanmartin