Algunos gobernadores y presidentes municipales se han puesto por encima del Gobierno federal, incapaz, hasta este día, de emitir una convocatoria clara y contundente para que la gente guarde una cuarentena.

Y es que las recomendaciones del subsecretario Hugo López-Gatell han sido tomadas a chunga, hasta por el propio presidente López Obrador, quien se niega a cancelar giras y conferencias mañaneras, pese a que se encuentra entre la población con mayor riesgo de contagio.

De rescatarse la posición del gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, y de la jefa de Gobierno de la CDMX quienes, a contracorriente de lo expresado por el Gobierno federal, decidieron cerrar negocios y pedir a la población quedarse en casa.

El crecimiento exponencial de los casos con coronavirus quizá podría generar que hoy se anuncien medidas radicales de combate, porque el periodo de prevención ya se nos fue y ese tiempo no se recuperará jamás.

Pero es solo una apuesta, porque según los cálculos del subsecretario López-Gatell el pico del contagio estaría ocurriendo en nuestro país por ahí de la segunda quincena de abril, o sea en tres semanas.

Tres semanas en las que se detendrá la actividad económica, con todas sus consecuencias para empleadores y trabajadores, sin que hasta el momento haya un plan o proyecto para apoyar a la economía.

Salvo el caso de la CDMX, en donde se aplazó el pago de las obligaciones fiscales, no se conoce de otras medidas para paliar la crisis que viene.

En El Salvador, los pagos de créditos a bancos y tiendas de autoservicio, así como de obligaciones fiscales, se pospusieron tres meses; no se condonaron, se pospuso el pago que será diferido en el resto del periodo del crédito, lo cual sí constituye una ayuda a la población y a las empresas que no perderán su dinero.

López Obrador dijo hace unos días que el país cuenta con dos fondos contingentes; uno por 150,000 millones de pesos y otro de 90,000 millones más un crédito contingente del Fondo Monetario Internacional por 62,000 millones de dólares, que ahí está para cuando necesite utilizarse.

El tamaño de la crisis previsible, sin embargo, hace temer que ni todo ese dinero junto pueda evitar una caída de la economía mexicana por debajo del -5.0 por ciento.

Acciones, acciones, no rollo ni Detentes.

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Mientras todos los analistas del mundo ven la crisis económica por venir como un tsunami, en México nos damos el lujo de rechazar una inversión de 1,400 millones de dólares.

Y es que tal como se esperaba, el resultado de la consulta sobre el establecimiento de una planta de producción de cerveza del emporio Constellation Brands, en Mexicali, fue mayoritariamente en contra de la empresa.

Lo grave -gravísimo- del asunto, es que la empresa contaba con todos los permisos en regla -federales y estatales-, había invertido ya 900 de los 1,400 millones que costará la planta y contaba ya con trabajadores contratados.

Todo eso se fue por el retrete, con una consulta fuera de la legalidad, simplemente porque el presidente López Obrador dijo que consultaría a la población y ahí está el resultado.

Un atentado contra la seguridad jurídica, indispensable para la atracción de inversiones de largo plazo.

Si el Gobierno acepta los resultados de la consulta, el Gobierno de México enfrentará un conflicto legal que nos costará millones de dólares, porque así como así la empresa no dejará perder esa cantidad de dinero.

Y quién sabe si, en una de esas, el conflicto escala a nivel de gobiernos.

Como si el dinero nos sobrara.