Como todo país o bloque de naciones, México tiene la obligación de aplicar de manera estricta el marco legal para que los ciudadanos extranjeros que ingresan a su territorio, lo hagan de manera ordenada y apegados a las leyes. Por muchos lustros, nuestro país ha sido laxo en materia migratoria y ha convertido la frontera sur en una de las regiones más permisivas del mundo.

A muchos ha sorprendido el nuevo enfoque que se le ha dado a este tema en los últimos meses. Se ha señalado que las medidas adoptadas para ser más estrictos en el ámbito migratorio resultan de las presiones provenientes de Washington por el incremento de los cruces ilegales desde México hacia Estados Unidos, que el año pasado alcanzaron niveles alarmantes.

Aunque resulte controvertido, la decisión del Gobierno de Donald Trump de poner un alto a esta creciente tendencia tuvo una razón de ser. De acuerdo con cifras proporcionadas por la Secretaría de Relaciones Exteriores, en enero de 2019, el número de migrantes que cruzaron desde nuestro país hacia la Unión Americana se ubicaba en 58 mil 317 personas. Tan solo tres meses después, esta cifra alcanzó 144 mil 116 ilegales.

Este incremento tuvo como origen el descontrol que privaba, hasta ese entonces, en nuestra frontera sur, en donde, por lustros, la permisividad de las autoridades convirtió a esta región en tránsito casi libre para personas, armas y drogas. De ahí la sorpresa y exigencia de la Casa Blanca de frenar estos flujos que parecían ya incontrolables.

Como resultado de la estrategia que le ha tocado coordinar al titular de la SRE, Marcelo Ebrard, el número de migrantes se ha reducido considerablemente (-74.5%) para llegar a 36 mil 679 en enero pasado, una cifra muy inferior incluso a la alcanzada en el mismo mes de 2019.

Pareciera que aplicar la ley, intentar convertir a México en un país en el que se defina una estricta política migratoria y se busque acabar con la permisividad que privó durante muchos años es políticamente incorrecto. Fue al nuevo Gobierno al que le tocó combatir este fenómeno y es, precisamente, de algunos de sus supuestos aliados de donde provienen las críticas.

Siempre ávido de reflectores, el multifacético diputado Porfirio Muñoz Ledo ha intentado descalificar el rumbo que se ha adoptado en esta materia. Con una visión nacionalista, que no corresponde con la realidad del país, pretende impulsar, a través de una reforma legal, el libre tránsito en territorio nacional.

Sin duda, una propuesta que no encontrará eco en un momento en el que el consenso sobre los resultados obtenidos ha alcanzado a prácticamente todos los sectores del país.

Segundo tercio. Hasta el momento, no existe ninguna recomendación por parte de la Comisión Nacional de Derechos Humanos por malos tratos a migrantes.

Tercer tercio. México está preparado para recibir y enfrentar una llegada del COVID-19, nuevo nombre del Coronavirus, según la Organización Mundial de la Salud, debido a su experiencia con el AH1N1 que golpeó a nuestro país en 2019. Esperemos que la crisis de abasto de medicinas no afecte las estrategias que habrán de adoptarse cuando este virus aterrice en territorio nacional.

                                                                                                                                         @EdelRio70