De las pocas constantes que tiene nuestra impredecible Liga Mx, casi diría de las pocas certezas, es que el América será de los contendientes al título.

Con más o menos bajas, con mayor o menor repercusión de sus recién contratados, con mejor o peor futbol, el gran logro de Miguel Herrera como entrenador ha sido convertir a sus Águilas en permanentes candidatos a lo máximo. A diferencia de los tres restantes denominados grandes, cada cual con vicisitudes distintas, este equipo ejerce la grandeza de tiempo completo y no esporádicamente.

La calificación, inaccesible para muchos cuadros incluso acelerando, se ha convertido en algo rutinario para el americanismo incluso caminando, maljugando o, por utilizar la palabra más precisa dada la cantidad de lesiones, cojeando.

Es factible que cuatro elementos que meses atrás apuntaban a ser determinantes ofensivos con los de Coapa, no vuelvan a jugar en este torneo o lo hagan mucho más adelante. Nicolás Benedetti, por la severa fractura de rodilla con la selección preolímpica colombiana; Nicolás Castillo, por la enésima de sus lesiones, agravada por la trombosis que le mantuvo en el hospital por más de una semana y que transformó una cuestión de medicina deportiva en asunto de mucho mayor seriedad; Hugo Renato Ibarra, con problemas físicos que arrastra desde el cierre del año pasado; y Roger Martínez, descartado tras su evidente rompimiento con cuerpo técnico y directiva.

A eso debe añadirse la reciente partida de su mejor jugador de campo, Guido Rodríguez, complementada con la cifra de estelares que se han ido marchando (Edson Álvarez, Agustín Marchesín, Mateus Uribe). Y, sin embargo, como diría Galileo, se mueve.

Muy pronto el América se ha vuelto a colocar en la parte alta de la tabla y a hacer de la exigencia un combustible, bajo la recurrente reiteración de que no levantar un trofeo es un fracaso (palabra que los colegas de Herrera evitan o maquillan). Duele ver a Cruz Azul normalizando la derrota, a Chivas habituado a no estar en liguilla, a Pumas como primer sorprendido de su positivo arranque, al tiempo que el América gana por unas o por otras.

Para excusas bastan las que Herrera dirige hacia el arbitraje, porque en términos del plantel que tiene o los imponderables que surjan, no se le escuchará quejarse. Trabaja con lo que hay, no pierde tiempo en lamerse las heridas, se doctora en colocar parches y sigue adelante.

Vistas las carencias que enfrentó durante el torneo pasado, lució como obra monumental el meterse hasta la final. Vista la problemática desatada justo cuando ha comenzado este certamen, esta obra será todavía más meritoria. Y la conseguirá. En nuestra peculiar e inconsistente Liga Mx podemos dudar de casi todo menos de eso.

Twitter/albertolati

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