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Combatir la extorsión

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@guerrerochipres

Desde la noche del 24 de diciembre de 2019, cinco mercados (en las alcaldías Cuauhtémoc, Venustiano Carranza y Xochimilco) se han incendiado, reabriendo un debate con muchas aristas. No es la primera vez, por ejemplo, que La Merced sufre daños por el fuego y tampoco es la primera vez que se habla de tomas de electricidad sobrecargadas y clandestinas.

Antes de apuntar hacia las células criminales que se dedican a extorsionar en la zona Centro, la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, pidió que no se especulara al respecto: tras los peritajes, los trabajos de investigación y criminalística, se descubrió que la causa de los siniestros fueron los cortos circuitos.

La Fuerza Antisecuestro reveló, a la par, que específicamente en estos casos no hay denuncias de extorsión; en los trabajos de campo tampoco se encontraron testimonios. Sin embargo, el tema ya fue captado por el ojo de la prensa y aunque los incendios tengan otra causa, es probable que los padecimientos de los locatarios, víctimas del crimen, estén sobre la mesa de debate.

La tragedia muestra un problema, ya viejo, de infraestructura y legalidad. Y toca, lateralmente, la tensión que contrapone y enfrenta al comercio con la delincuencia; por su parte, la Secretaría de Seguridad Ciudadana ha capturado de manera paulatina a ciertas figuras clave del crimen en la capital.

A grandes rasgos, los extorsionadores actúan con alevosía y se sirven de la presión psicológica, de la manipulación y el miedo para atacar a sus víctimas. Debido al método, el afectado no sólo enfrenta una merma material (y moral a la vez) sino que imposibilita la denuncia, el eslabón inicial para combatir al crimen.

Bajo amenazas, amedrentado, piensa que si pide ayuda será peor para él, y así integra un proceso que lacera a la sociedad en varios niveles. En este círculo vicioso, los modelos extranjeros y la ventaja histórica respecto a ciertos fenómenos pueden ampliar el umbral de posibilidades de combate a favor de la sociedad y la autoridad.

En Italia, donde el crimen organizado tuvo una estructura sólida décadas antes de que en México se viera lo mismo, se han delineado estrategias con resultados puntuales. Curiosamente, el tipo de extorsión que afecta a los locatarios es presencial y se le conoce como siciliana. En Italia el fenómeno no se delimita sólo a la noción de que la denuncia es esencial, sino que se ha optado por proteger a los testigos y romper el primer eslabón del círculo.

Dicho acto conforma la triada del modelo de éxito que ha reducido las cifras de extorsión y se ha implementado en Honduras y Colombia, donde también existe cierta ventaja histórica en la materia.

Los siguientes pasos son la aportación de recursos, por parte de empresarios, para sostener al sector, y la capacitación policíaca. En la ciudad, la estrategia del combate al crimen ha sido replanteada con resultados favorables. Para alcanzar un golpe definitivo quizá sea importante la evaluación de todas las herramientas de las que disponen la autoridad, los ciudadanos y empresarios del tamaño que sean.

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