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Los empresarios marginados en el último minuto

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Cuando el sector empresarial advirtió la semana pasada del riesgo de que el gobierno mexicano aceptara la presión para que inspectores laborales de los Estados Unidos pudieran humear en los asuntos laborales de las empresas, realmente sí lograron algo: que fueran excluidos de las pláticas de último minuto que destrabaron la renegociación del acuerdo comercial de América del Norte, ese al que llamamos T-MEC.

Fue el jueves de la semana pasada cuando a los integrantes del llamado cuarto de junto se les invitó cortésmente a esperar afuera de las negociaciones que habrían de continuar a puerta cerrada durante el fin de semana.

Las prioridades demócratas versaban en torno a los asuntos laborales, los temas más importantes para los republicanos eran aquellos que aumentaran el proteccionismo y para el gobierno mexicano la urgencia era que hubiera un acuerdo lo antes posible.

Dicen en el pueblo que se juntaron el hambre con las ganas de comer y vinieron las concesiones.

No fueron, al final, concesiones que pudieran poner en peligro la soberanía o la viabilidad de las empresas establecidas en México. Pero sí quedó claro que el gobierno de los Estados Unidos, lo mismo el republicano Donald Trump desde la Casa Blanca, que Nancy Pelosi, desde la Cámara de Representantes, tiene el poder de doblegar a México en los temas en los que había jurado no ceder, como el migratorio y ahora el comercial.

El valor máximo de lo que ocurrió durante el fin de semana y que desencadenó con la firma en Palacio Nacional del parchado T-MEC es que finalmente tiene viabilidad legislativa en Estados Unidos y que eventualmente su entrada en vigor ayudará a recuperar un poco de la confianza en la economía que se ha diluido por las acciones del propio gobierno mexicano.

Incluso los añadidos en materia laboral no son tan mala noticia para México, en donde los sindicatos han hecho lo que quieren con las empresas y con los trabajadores. Se abre la esperanza de que se pueda poner un alto a las malas prácticas de muchas de estas organizaciones.

No es buena noticia ponerle tantos candados proteccionistas al sector automotriz, pero al final fue esa industria la que abrió la caja de Pandora de la cancelación del acuerdo actual, tal como lo amenazó Trump desde su primera campaña electoral.

Lo que al final sí fue lamentable, fue que la 4T marginara a los empresarios de esa negociación final, pero también de la fiesta de la firma en Palacio Nacional y de paso poder expresar con libertad sus puntos de vista.

Fue una innecesaria muestra de autoritarismo el marginar a los que realmente operan un tratado de libre comercio. Porque el Gobierno no es principal comerciante con el mundo, son los particulares.

Los empresarios no se van a enojar con el gobierno federal, primero porque no son suicidas y después porque el resultado final no es tan malo después de todo. Pero sí quedó la sensación de ser utilizados cuando así le conviene a la 4T y marginados cuando no coinciden con la visión presidencial.

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