Mientras el aficionado no sea visto como cliente, su pasión como vil nicho de mercado y su equipo como mero paquete accionario en el mercado bursátil, el futbol estará a salvo.., aunque nos movemos cada vez sobre tierras más movedizas.

El Manchester City –o para ser más precisos, el jeque de Abu Dabi– ha comprado su octavo club de futbol. Al eje central de su inversión futbolística, que es el conjunto citizen, han seguido cuadros en naciones como Japón, China, Australia, Estados Unidos, Uruguay y España, a lo que ahora se añade el Mumbai City de la India.

Si reparamos en los sitios elegidos, coincidiremos en que la mayoría (al menos 5 de 8) poseen una tradición futbolística por desarrollarse, al tiempo que Atlético Torque de Montevideo y el Girona cataán tienen que construir su historia en contextos a los que llegaron tarde, donde los devotos ya eligieron colores a adorar.

Eso facilita la operación, la reinvención, el teñido del azul claro, reinicio casi de ceros. Tan diferente a si asomaran sus millones a una entidad consumada, con usos y costumbres ya consolidados, como cuando un millonario malayo osó cambiar al Cardiff City su uniforme y escudo, chocando estrepitosamente con sus seguidores.

Asumamos que el futbol ya no se desprenderá en adelante de este carácter global. Así como el común de las grandes marcas trascienden las fronteras del país donde fueron ideadas y fundadas, los grandes grupos irán elevando su participación en diferentes rincones del planeta. El Ajax holandés fue el pionero al vislumbrar en la caída del apartheid un momento sudafricano y fundar el Ajax Cape Town. El Atlético de Madrid ya ha ido a la India y venido a San Luis Potosí en México. La multipropiedad tan discutida en nuestra liga es una realidad en plena Champions League, pudiendo enfrentarse dos equipos propiedad de Red Bull (el de Leipzig y el de Salzburgo), a la par de los que ese conglomerado ha adquirido en Nueva York, Sao Paulo y Ghana. El proyecto del Pachuca no sólo extiende sus tentáculos a León, sino que llega a Chile y Argentina, así como el recién fallecido Jorge Vergara accedió a los controles del Saprissa costarricense y estuvo en pláticas para hacerse del Atlético de Madrid.

Guste o no, para allá va esta industria. Como consecuencia, sucederá lo que en el entorno corporativo: los peces grandes se devorarán a los pequeños y, en el acto, la esencia de muchos clubes peligrará.

De eso se trata el desafío: de que conscientes de que no hay vuelta atrás en este proceso, los equipos sigan siendo como son y de quien son. Es decir, del aficionado. Poner dinero da derecho a todo, menos a modificar lo que hace especial a una institución.1

Twitter/albertolati

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