Se buscan argumentos externos como si no hubiese suficientes en la cancha.

La selección mexicana no sólo perdió un partido amistoso con Argentina, sino que fue goleada, no encontró forma de frenar la hemorragia y ajustar durante el primer tiempo, desatendió (como nos explicó Miguel Layún en Fox Sports) lo que advirtió su entrenador, se vio lejos en volumen de futbol y personalidad a lo que se le supone.

Perdió, en esencia, por lo que no supo plasmar sobre el césped, por errores impropios de la categoría de sus jugadores, porque le faltó de todo. Incluso es posible decir, si se quiere exagerar y llegar a etiquetas maniqueas que no comparto, que perdió porque no es buena o porque se amedrenta ante un equipo como el argentino.

Sin embargo, no perdió por indisciplina, ni por bajo compromiso, ni porque los jugadores dejaran de amar los colores a los que representan. Afirmar eso es recurrir a un simplismo moralista.

Para entender si se violó algún código de comportamiento tras las fotos filtradas, primero es indispensable conocer cuál es el código. En ese sentido, los seleccionados tenían la tarde del sábado libre y, que se sepa, en ninguna cláusula se indicaba que no pudieran ir a donde fueron. Así que no juguemos a homilías, porque no es tema relevante.

La desazón por un marcador bultoso no puede mezclarse con ataques personales. En redes se maneja la información como si los tricolores hubieran bebido toda la madrugada anterior al duelo frente a Argentina, lo que de ninguna manera aconteció.

El proceso de Gerardo Martino quizá hoy tiene un poco menos legitimidad que un par de días atrás, aunque basados en lo que se juega y se ve, no en lo que se imagina o maquina. Puestos a hablar de futbol, hoy tampoco estamos en un escenario apocalíptico, como venciendo a Estados Unidos o aun coronándonos en la pasada Copa Oro tampoco estábamos en el paraíso.

Es necesario más trabajo, recuperar el mejor nivel de muchos indiscutibles, decidir con quién y cuántos minutos se cuenta. No así, regar excremento para todos lados.

Layún ha actuado de manera ejemplar. Las redes no sólo sirven a los deportistas de élite para subir fotos de celebraciones en el vestuario cuando todo es alegría. Las redes sirven para tener una voz inmediata y oportuna.

El Tri no está en crisis, apenas perdió un cotejo amistoso que serviría para entender en dónde estamos parados. Acaso, desilusionados, hoy lo sabemos mejor. Si se requieren argumentos basta con observar a Lautaro Martínez escapando. No los busquemos en una reunión de sábado por la tarde.

Twitter/albertolati

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de 24 HORAS.