Acaso demoró un año, pero no por ello resultó menos especial ese momento en que las dos mayores glorias de esta generación de futbolistas, Cristiano Ronaldo y Lionel Messi, se sentaron en una premiación a sabiendas de que no serían los ganadores, para reírse un poco de su rivalidad y engrandecerse mutuamente.

Y digo que demoró un año porque esto tuvo que haber sucedido en 2018, cuando era evidente que, por primera vez en diez años, el Balón de Oro no sería ni para uno ni para el otro. Qué mejor colofón a esa década de reinado, que con los dos aplaudiendo a quien fuese que lograra interrumpir la mayor hegemonía que los premios individuales del futbol hayan visto, en este caso, Virgil van Dijk.

Por entonces, su penoso mensaje fue que sólo acudían para ser homenajeados y de ninguna forma para homenajear a otros (ya antes Cristiano dejó de ir cuando sabía que Messi ganaría y viceversa).

Este jueves se les vio juntos, todavía lejos de la simbiosis que han conseguido fuera de las canchas Federer y Nadal, aunque más próximos que nunca. “Tenemos una gran relación. Todavía no hemos podido cenar juntos, pero en el futuro… Creo que él me ha ayudado y yo le he ayudado a crecer”, detalló Cristiano. Dos fundamentos medulares: por supuesto, que no hace falta compartir mesa para respetarse (al tiempo que el polarizado planeta del balón ofende a uno para defender al otro); y, sobre todo, que sin competencia no hay crecimiento.

Sería absurdo pensar a estas alturas que estos dos titanes habrían bordado el juego que bordaron, de forma tan longeva e ininterrumpida, de no haberse tenido como espejo recíproco. Como la vida misma, de eso también se trata el deporte: de retos, de inspiraciones, de competitividad, de espuelas, de saber aprender compitiendo con uno mismo y, a la vez, aquilatando lo que alguien más logra.

Cristiano y Messi no tenían que competir un año atrás con Luca Modric, como no han tenido que competir esta vez con Van Dijk. Su lugar en la historia ya es definitivo, entre esos nombres que suelen ser intocables e inalcanzables: Pelé, Maradona, Cruyff, Di Stéfano, Beckenbauer, Zidane, Ronaldo Nazario.

Cuando se obstinan en comportarse como terrenales, mancillan su dimensión estratosférica. Difícil pedírselos cuando les hemos exigido ser competitivos sin tregua, aunque valdrá la pena que se les reitere que, en el panteón de los dioses del futbol, no hay competencia, sólo grandeza.

Parece curioso: cuando no han ganado, es cuando más grandes se les ha visto

Twitter/albertolati

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