Hace tiempo circuló en redes el video de una carrera en la que participan un grupo de jóvenes. Antes de empezar el organizador les pide que avancen dos pasos hacia la meta aquellos a quienes aplique lo que a continuación dirá. El resto de los jugadores se mantiene en la posición inicial.

Entre otras cuestiones, el guía indica: “da dos pasos adelante si tuviste acceso a una educación privada… dos pasos adelante si tienes una habilidad atlética, si nunca te has preguntado de dónde saldría tu siguiente comida.” Naturalmente, algunos caminan más que otros. Hay quienes se quedan sin avanzar.

El conductor de la carrera les hace ver que nada de eso tiene que ver con sus decisiones. Son circunstancias con las que llegaron a este mundo. Así sucede con la vida: todos hacemos la carrera, pero arrancamos desde distintas posiciones que dependen, principalmente de la salud, el nivel económico y sociocultural con el que nacemos.

Lo ideal sería que, no obstante el lugar desde el que comencemos, todos podamos a través del esfuerzo desarrollarnos y conseguir ─si bien no todos nuestros sueños─ al menos circunstancias dignas que nos permitan una vida lograda. Esto significaría una sana y conveniente movilidad social.

De otra manera, “no importa cuán grandes sean los esfuerzos de quienes nacen en situaciones de mayor desventaja, sus posibilidades de mejora son muy limitadas”, nos explica el Centro de Estudios Espinosa Yglesias.

Tristemente, el Informe de Movilidad Social en México (CEEY, 2019) nos muestra que la mayoría de quienes nacen en condiciones de pobreza así se quedan toda su vida. Solamente tres de cada cien alcanzan el quintil donde se agrupan la población con más ingresos.

Diversos especialistas han señalado que las posibilidades de crecimiento social tienden a ser menores en los países que son muy desiguales. Este fenómeno se muestra claramente a través de la curva del Gran Gatsby (Cfr. Krueger, 2012). Se le llama así por aquél personaje de la novela de Scott Fitzgerald que pasa de ser un contrabandista a un hombre adinerado.

La curva del Gran Gatsby advierte como los países nórdicos, con una desigualdad menor, consiguen mayor movilidad.

 

Situación distinta a México, Chile y otros países latinoamericanos que mantienen gran desigualdad y, por tanto, tasas bajas de movilidad, es decir, de posibilidades de desarrollo para sus habitantes.

La vida de las personas no debe estar determinada por sus condiciones de origen. En este caso, principio no debe ser destino. Y no se trata que quienes ahora tienen, pierdan. De ninguna manera. El objetivo es que tengan más quienes ahora tan poco poseen, pero sobretodo, que existan las condiciones para que ─con esfuerzo, claro está─ todos podamos desarrollarnos.

De otra manera, lo que tenemos es un sistema social que, como a Sísifo el personaje de la mitología griega, “los dioses” condenan a esforzarse diariamente para descubrir cada mañana que no han conseguido, pese a su arduo esfuerzo, adelantar ningún paso en la carrera hacia el bienestar.

Maestro en Comunicación Institucional. Director de los Posgrados en Comunicación de la Universidad Panamericana.