Cuando a mediados de 2017 Juan Mata lanzó la campaña Common Goal, invitando a sus compañeros futbolistas a donar el uno por ciento de su salario a programas que benefician a la niñez, acaso pensó que su estatus propiciaría que sus célebres compañeros en Manchester United y Chelsea, así como de la selección española, pronto se integraran.

Más allá de que muchos ya patrocinan importantes iniciativas altruistas y de que cada quien es libre de sumarse a lo que quiera, el mediocampista pudo sorprenderse con algo: que después de la inmediata inscripción del defensa alemán Mats Hummels, los primeros nombres fueron ajenos al futbol varonil: Megan Rapinoe y Alex Morgan.

La propia Rapinoe detalló por entonces: “Sentimos que es importante que el futbol femenil esté representado aquí desde el comienzo”. Morgan complementó, “Mientras que el futbol femenil continúa creciendo, jugadoras como Megan y yo tendremos mayores oportunidades de utilizar ese estatus para bien”.

Megan Rapinoe es el tipo de deportista que prioriza externar sus ideales mucho antes que agradarle a todos; si eso implica perder a alguien como consumidor de uniformes o patrocinador, le tiene sin cuidado. La coherencia es su eje.

Tras esta Copa del Mundo –en la que ha ganado a la par del torneo, el Balón de Oro y la Bota de Oro–, ha adquirido gran notoriedad, aunque mucho antes ya ha brillado como jugadora y como persona.

Cuando Colin Kaepernick decidió hincarse en el himno estadounidense, todos quienes se unieron a su clamor fueron deportistas afroamericanos. Nadie blanco lo hizo antes que ella. “Es evidente que tenemos serias desigualdades en este país. Dios te salve de ser una mujer homosexual o una persona de color, porque estás fregado”, explicó, para más tarde abundar que alguien cercano a ella no tiene que haber sufrido brutalidad policial por ser negro, a fin de que entienda la magnitud del problema.

Un año antes, en el Mundial 2015, en el que ya fue campeona y estelar, se negó a cantar el himno estadounidense, bajo una premisa que insiste: lo menos relevante es discutir cómo se protesta, toda vez que eso abra el debate y la reflexión.

Mientras que en el entorno del futbol varonil no existen las condiciones para que un jugador haga pública su homosexualidad (Justin Fashianu terminó sucidándose; Thomas Hitzlsperger sólo se atrevió al haberse retirado), mientras que rara vez se aventuran a hablar de lo que creen, mientras que sólo se refieren a Derechos Humanos y los menos privilegiados para aludir a lugares comunes que no comprometen sus ingresos, en el futbol femenil llevan una ventaja tremenda.

Ventaja evidente cuando se lanzó la gran campaña de Juan Mata: la muestra llegó con el donativo de quienes, con toda razón, protestan por su mal remunerada profesión.

Twitter/albertolati

Alberto Lati

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