“La pelota es redonda, el juego dura noventa minutos y todo lo demás es teoría”, solía clamar el hacedor de uno de los mayores milagros en la historia del futbol (la victoria de Alemania sobre Hungría en el Mundial de 1954), Sepp Herberger.

De tan obvia, una premisa perfecta. Casi tanto como otra más simple, peor articulada y acaso por ello tan llegadora: “futbol es futbol”, como repitiera Vujadin Boskov. Ese técnico serbio que, al ser cuestionado por el parado de su equipo, si 4-4-3 ó 4-4-2, respondía con la más estoica resignación: “yo los puedo poner de muchas formas, pero mire, empieza partido y se me mueven”.

En resumen, que todo puede pasar. Ya sea que la pandilla juvenil del Ajax asalte el Bernabéu no sólo superando sino goleando el multicampeón Real Madrid, ya sea que el Manchester United remonte en casa del París Saint Germain con diez jugadores importantes no disponibles y dos goles adversos de la ida.

El PSG, a diferencia de los merengues un día antes, llegó más, dominó, se apoderó de la pelota. En común sólo han tenido el pánico: el Madrid a su propia grandeza, el París Saint Germain a su condición de advenedizo.

La familia real qatarí hoy asume que sus incontables millones bastan para tener un peso geopolítico infinitamente superior a su tamaño, para que su laxitud en Derechos Humanos y laborales sea tolerada por parte de la comunidad internacional, incluso para recibir un Mundial que nadie vetará…, aunque no para ganar la Champions League, o no de inmediato.

Porque sucede que un par de cracks se lesionan, sucede que el portero más experimentado que haya existido se equivoca, sucede que un defensa confiable salta con imprudencia de colegial y desvía con la mano, sucede que el delantero de moda pierde la puntería en el momento cumbre, sucede que el United más diezmado se doctora en subsistencia. Todo mientras, como bien aclaraba Seppberger, el balón rueda refutando a la teoría, que ese es su trabajo.

Podría pensarse que cada vez hay más sorpresas en el futbol. Error. Siempre las ha habido: por soberbia, por miedo, por incapacidad para resolver, por error individual o grupal, por casualidad, por inercia, por carambola, cada cual a su manera, pero no son asunto nuevo.

Por ello, para mover la cabeza de lado a lado con incredulidad y alzar las manos con resignación, Boskov encontró el aforismo perfecto: “futbol es futbol”, ese planeta donde lo imposible más bien es menos factible.

Para todo lo demás, sabe el qatarí PSG, existe el dinero.

Twitter/albertolati

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