Es un hecho que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador tiene “otros datos”, pero los indicadores disponibles, más la mayoría de las previsiones económicas, indican que la economía mexicana podría sufrir un freno repentino.

El entorno exterior poco ayuda, y desde Europa, Asia y Estados Unidos, una serie de eventos apuntan a una desaceleración económica global.

China muestra evidentes signos de desaceleración y ésa es una pésima noticia. Europa y su mal resuelto Brexit tienen ya visos de contracción. Y la propia economía estadounidense muestra que las actitudes precavidas pueden prevalecer sobre las intenciones expansivas de su Presidente.

Hasta ahí no hay nada que debiera alterar al Gobierno actual como para desatar una cacería contra los pesimistas analistas que anticipan una disminución del ritmo económico.

¿Qué culpa pueden tener los que consideran ineludible el contagio global en la economía mexicana?

El problema es cuando inevitablemente se añaden los múltiples factores internos que han afectado sobre todo la confianza de los agentes económicos.
El cúmulo de decisiones que ha tomado el Gobierno actual en materia económica han provocado todo, menos confianza y crecimiento. Y eso se empieza a notar en los indicadores económicos también.

Cuando esto lo dejan ver los expertos en economía es cuando se desatan los demonios y son culpados de complotistas y de pretender minar la cuarta transformación.

Ejemplos sobran, pero uno muy evidente y reciente es el ataque directo y artero del propio Presidente de la República en contra de la firma calificadora Fitch Ratings.

Cumplir con su obligación de guiar las inversiones de quienes le pagan por analizar fríamente los mercados de deuda le valió la descalificación de López Obrador cuando redujeron la calificación de Petróleos Mexicanos.

¿Qué es lo que claramente le va a costar al país una baja en los niveles posibles de crecimiento, al menos en este arranque de año?

Queda en la memoria de los que invierten la incertidumbre para los capitales con la cancelación del aeropuerto, pero la falta de abasto de combustibles, la tolerancia al bloqueo criminal de las vías férreas, la inducción política a las huelgas en Matamoros (con todo y abogada lopezobradorista arrepentida), los retrasos en los permisos de importación de medicamentos. Éstos son sólo algunos de los evidentes.

Habrá que ver en el reporte de finanzas públicas cómo se ha ejercido el gasto público durante el primer trimestre. Habitualmente hay un gasto inercial en lo que ejecutan sus propios programas. El temor es que la cuarta transformación haya frenado súbitamente muchos programas sin atinar a aplicar los propios; esto provocará una parada en seco.

Hay que confiar en el respeto a la autonomía de organismos como el INEGI para tener una fotografía adecuada del arranque del sexenio y esperar que no sufra la suerte del Instituto Mexicano del Petróleo, que cuando señaló con claridad la inviabilidad de la refinería de Dos Bocas, Tabasco, simplemente descabezaron a la institución.

Por lo menos en muchos sectores, regiones y círculos sociales, se siente el frenón económico. Hay que esperar a ver las mediciones, y con ellas las reacciones.

LEG