Texcoco no, Santa Lucía sí (Inicia la Caza Mayor en Contra del Nuevo Aeropuerto Internacional de México)

Mario Alberto Mejía

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de 24 HORAS.


Mucho se ha escrito sobre el Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM).

Hay quienes aseguran que la célebre encuesta que se aplicará —doblada de una consulta ciudadana— confirmará una decisión supuestamente tomada: que la construcción del aeropuerto en la zona de Texcoco continuará sin problemas pese a las cada vez más fuertes protestas de los campesinos de Atenco.

Fuentes ligadas al vientre de la ballena morenista dicen lo contrario.

Que Texcoco terminará como un gran elefante blanco, abandonado a su suerte: una especie de monumento a la corrupción sexenal.

Y es que el equipo lopezobradorista le ha hecho llegar al presidente electo los resultados de una investigación a fondo que revelan diversas, muy graves, anomalías.

A AMLO le dijeron en Palacio Nacional que la construcción del aeropuerto tenía una avance del treinta por ciento.

Falso.

Los datos reales hablan de que dicho avance no llega al veinte por ciento.

Los recursos económicos reportados han venido creciendo de manera desmedida y no se ven reflejados en la obra.

Hay mucha frivolidad y gastos suntuarios en la misma.

Y más: la magna obra se ha prestado a la especulación inmobiliaria.

Esto último lo refleja muy bien el reportaje principal de este domingo de la revista Proceso, bajo la firma de Jenaro Villamil.

El negocio brutal del que López Obrador ya está enterado involucra a los empresarios más cercanos al presidente Peña Nieto: los Hank Rhon, los Hinojosa Cantú (Grupo Higa), los Maccise (Luis y Annuar), los Alcántara Rojas, los San Román, los Peralta Quintero…

“Los precios adquiridos coinciden con la zona urbanizable —dice el reportaje de Villamil— de 431 hectáreas que colindan con el NAIM en los municipios de San Salvador Atenco y Texcoco”.

Ahí habrían de nacer —si el nuevo aeropuerto terminara por construirse—una gran y monstruosa “aerotrópolis”.

Es decir: una ciudad alrededor del NAIM.

Pero no cualquier ciudad.

Una megaciudad con servicios de primer mundo en una zona que, hasta hoy, es miserable.

Habría, faltaba más, centros comerciales y de negocios al estilo San Fe, fraccionamientos de lujo, restaurantes de primer mundo, dos estaciones para trenes ultramodernos, una nueva estación del Metro y hasta una nueva autopista.

Ufff.

De todo esto se enteró en su momento López Obrador.

Y no está nada contento.

Al contrario.

Su malestar, dicen sus cercanos, es evidente.

Tanto así que no tiene el menor interés de que este negociazo sexenal continúe.

No está en su órbita.

Tampoco en sus proyectos.

Sabe que de construirse los beneficiarios serían los mismos que hicieron su agosto en el sexenio que está por terminar: los de la Casa Blanca y los de Malinalco, entre otros.

El Grupo Toluca, pues.

Las presiones —se las imaginará el hipócrita lector— están a todo lo que da.

Los cabilderos trabajan horas extras.

Sea cual sea el resultado será de antología.

Si la encuesta favorece la construcción del NAIM, habrá fiesta en varias residencia del Estado de México y la especulación inmobiliaria continuará como en los mejores días del sexenio que agoniza.

Si la decisión apunta a la Base Aérea de Santa Lucía y al aeropuerto Benito Juárez, el NAIM quedará como un monumento viviente de la corrupción sexenal.

Ésta última opción es la que ha tomado forma en el equipo de López Obrador.

Y es que el presidente electo se siente engañado tanto en los números como en los hechizos avances de la obra.

La decisión está tomada y será ratificada a finales de octubre con la encuesta y la consulta ciudadana.

El 28 de octubre se empezará a cavar la fosa en la que será enterrado, con todos los honores, el Nuevo Aeropuerto Internacional de México: el más grande elefante blanco en la historia de este país.

Con Los Niños No. El Universal publicó unas líneas y una fotografía que volvieron vulnerables en las redes sociales a su hijo Jesús Ernesto.

La reacción de la novelista y poeta no se hizo esperar.

“Con los niños no”, escribió en Twitter.

Las muestras de apoyo vinieron de todos lados.

Incluso de personajes que continuamente critican a Andrés Manuel Lopez Obrador.

La espontánea causa —nacida de una publicación plagada de mal gusto— concitó el apoyo de propios y extraños.

Tiene razón Beatriz:

Con los niños no.

Contra los niños no.

La sociedad mexicana está demasiado enferma como para arremeter también en contra de quienes no se pueden defender.

Si hoy permitimos esto, mañana permitiremos todo.

Y en la palabra “todo” cabe el horror mismo.

LEG