Ni siquiera han tomado oficialmente el poder, y ya comenzó la grilla futurista en el círculo de personajes cercanos a López Obrador.

Hay algunos que ven a Marcelo Ebrard, desde ahora, como el futuro candidato presidencial; otros ven a Ricardo Monreal y algunos a la futura jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum.

Ninguno de los tres pertenecen a un mismo grupo; ellos son en sí su propio grupo.

Ebrard fue incorporado apenas unos días previos al arranque de la campaña presidencial, como coordinador regional; hizo un muy buen trabajo.

Como también Monreal, a quien le fue confiado el norte del país, la zona donde tradicionalmente perdía López Obrador y los resultados hablan por sí solos.

No son de un grupo hegemónico, por más que los tres hayan militado en el PRD.

Como tampoco forman un grupo Esteban Moctezuma o Alfonso Romo, personajes muy visibles en la campaña y en los actos posteriores a las elecciones.

A diferencia de Calderón y Peña, el gabinete de López Obrador no es homogéneo, no proviene de un mismo grupo político aun cuando existen coincidencias programáticas en quienes serán los futuros secretarios de Estado y líderes en el Congreso.

Si es bueno o malo, sólo el tiempo lo dirá.

Pero no deja de llamar la atención, por ejemplo, que la propuesta de nombrar a Raymundo Collins como jefe de la Policía del DF haya desatado la versión de un primer desencuentro entre Ebrard y Sheinbaum; el primero lo habría propuesto para el cargo, a pesar de no tener buena relación con la futura jefa de Gobierno de la capital.

¿Tuvo Ebrard más influencia de Sheinbaum ante López Obrador?

Ojalá el liderazgo de López Obrador le alcance para mantener unificado a su gabinete o correrá la misma suerte de Peña, que apenas inició su sexenio, su equipo de trabajo ya se había dividido entre los poderosos de entonces: Videgaray y Osorio Chong.

Los resultados ya los conocemos.

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Si alguien ve por ahí a alguno de los secretarios del gabinete de Peña Nieto, avísenles, por favor, que la veda electoral ya pasó y que pueden salir de su oficina.

Desde que pasó la elección presidencial, parece que todo el gabinete desapareció o anda de vacaciones.

Bueno, ya ni declaraciones hacen; quién sabe si porque se los ordenaron o porque ya no tienen nada que decir.

Faltan poco más de cuatro meses para que concluya la actual administración y parece que ya rindieron totalmente la plaza.

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Una tempestad de memes y críticas en las redes sociales se desató a partir de la negativa de los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) de aceptar una reducción de sus sueldos.

Los ministros se defienden de la amenaza que les representa el plan de austeridad de López Obrador argumentando que el artículo 94 de la Constitución impide reducir los salarios de jueces y magistrados, mientras estén en desempeño del cargo.

Esto, según, para garantizar un trabajo ajeno a influencias externas.

Incluso la ex ministra Olga Sánchez Cordero, que será la próxima secretaria de Gobernación, defendió los ingresos de los magistrados –ella como ex ministra recibe una pensión superior a los 200 mil pesos- para garantizar la imparcialidad de sus fallos.

La futura secretaria de Estado, por supuesto, no renunciará a esa pensión que quizá ni Obama tenga.