Llevamos varias semanas en que la nube que cubre a los aspirantes a la Presidencia de la República es la que trae la tormenta de la corrupción.

Ricardo Anaya, que va de la inexplicada riqueza inmobiliaria a la acusación de uso faccioso de las instituciones del poder. Andrés Manuel López Obrador, que se dice impoluto, recluta y se rodea de los peores ejemplares de la corrupción, y José Antonio Meade, que posee una de las hojas de servicio más ejemplares de México, tiene que cargar con la losa de ser postulado por el PRI.

Ese cáncer de la corrupción no parece dejar espacios sin contaminar y la aparición de un nuevo escándalo que envuelve a organizaciones de representación empresarial promete meterse en las campañas electorales.

Las acusaciones de corrupción al interior de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo, Concanaco-Servytur (Concanaco) tiene toda la pinta de ser un asunto interno de ajuste de cuentas, en donde evidencias que parecen inobjetables hablan de un mal manejo de recursos públicos.

No es un tema entre particulares, porque hay dinero público en medio del escándalo. Y si pretendían hacer de esto un simple pleito entre grupos antagónicos por hacerse del control de esta mina de oro de la representación de los comerciantes, pues acaban de destapar la caja de Pandora.

Hay acusaciones documentadas del desvío de recursos del Instituto Nacional del Emprendedor, dependiente de la Secretaría de Economía, hacia empresas fantasma. Hay, pues, una organización empresarial desviando recursos públicos.

La cúpula del sector empresarial no ha estado exenta de meterse en los terrenos de la política partidista y, por lo tanto, se ha ganado la gracia y la fobia de muchos grupos políticos.

Durante muchos años desde el Gobierno federal se protegió a estas organizaciones, cámaras, confederaciones y consejos con recursos muy jugosos.

Los empresarios eran obligados a pagar cuotas a sus cámaras empresariales a cambio de supuestos servicios que rara vez recibían. Cuando el Poder Judicial acabó con esta arbitrariedad, desde la entonces Secretaría de Comercio y Fomento Industrial inventaron un registro empresarial obligatorio, el Siem.

Era una manera de mantener el flujo de recursos de los negocios hacia la cúpula empresarial.

Dicen que el amor con amor se paga, y no son pocos los que recuerdan que fue precisamente el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) el que creó aquella exitosísima campaña del Peligro para México.

Ya sabe quién le tiene cuentas por pagar a estas organizaciones del sector privado. Y las va a cobrar.

Por eso, ahora que estalla este escándalo de corrupción con todo y pruebas documentadas del desvío de recursos públicos dentro de la Concanaco es indispensable que desde la Secretaría de Economía se inicie cuanto antes un procedimiento legal sobre este caso.

Y desde el CCE se tiene que pedir cuentas a esta confederación acerca de lo que ocurre en su interior, porque, así como hoy perdió autoridad la Concanaco para denunciar los males de este país, así puede quedarse fuera del círculo de influencia este grupo de organizaciones de la llamada cúpula empresarial.

JNO