Es viral: AMLO calificó al Reforma de “fifí” luego de que éste pusiera en duda la encuesta de Morena para elegir al candidato a gobernar la Ciudad de México. Nada de que sorprenderse. Ya hemos comentado aquí la propensión del Supremo Líder a torpedear verbalmente a los medios que no le rinden pleitesía, en efecto sintomática de las cabezas autoritarias, caso de Trump, que no entienden por qué les toca soportar los límites al poder que imponen las democracias –los autócratas que ya se salieron con la suya se limitan a aplastar a los medios: Maduro–.

 

Esta vez, sin embargo, el arrebato puede haberle pasado factura. En medios y redes se multiplican las burlas sobre una expresión que todos los que tienen menos de 60 años, o no fueron criados hasta cumplir los 40 en un sótano por su abuela psicópata, tuvieron que ir a buscar al diccionario. Un término completamente en desuso, como “césped”, o “emparedado”, o “popof”. ¿Por qué el escarnio? ¿Qué más da que al prócer de Macuspana lo haya poseído el espíritu de la época de oro del cine? Pasa que hay términos poderosamente sintomáticos, términos que resumen una trayectoria entera, que retratan a un personaje, y que AMLO se especializa en dispararlos cada que se acerca una elección. Como “chachalaca”. Como “pirrurris”. Términos que coronan una rachita suicida de esas que le dan al caballero.

 

Lo de fifí es el corolario a un pleito bochornoso con Reforma –medio al que piropeó sin pudores poco antes, cuando publicó otra encuesta que lo favorecía–, pero sobre todo al penoso proceso de selección de candidato al Gobierno de la Ciudad, que fue candidata: Claudia Sheimbaum. Noventa y seis horas después, Morena “liberó” la encuesta, dudosa al punto de ser presentada hasta con errores ortográficos. Todo por evitar más críticas al presunto “dedazo” del líder. Era tarde. AMLO, a ojos de muchos que se resistían a ver desnudo al rey, quedó como un personaje autoritario, profundamente despectivo con la inteligencia de los ciudadanos, capaz de emparentar con figuras tan dudosas como la de Ricardo Monreal para luego desecharlas, otra vez, sin pudores. Como una figura arcaica, en desuso, al punto del ridículo.

 

Con todo, queridos fifís, cuidado: sigue encabezando las encuestas. Se nos viene encima la “momiza”.

 

caem