En un contexto permeado de racismo, es lógico que el deporte termine por reflejarlo. Esto nos obliga a la más elevada cautela: cautela en lo que se grita y se canta en las gradas, cautela en lo que se considera humor y pretende utilizarse para una broma en un vestuario, cautela en lo que sucede ante la opinión pública, pero sobre todo a puerta cerrada, donde nadie ve, donde el valor de la marca no se cree que peligra, donde las relaciones públicas son ajenas.

 

El futbol de Inglaterra ha amanecido a un nuevo escándalo de discriminación, luego de que una seleccionada de futbol hiciera público el burdo intento de chascarrillo de parte de su entrenador. Nacida en Nigeria, Eni Aluko explicó al DT que su familia acudiría al estadio a verla jugar, a lo que éste replicó: “Asegúrate de que no traigan ébola con ellos”. Según la investigación de The Guardian, lo subsecuente fue todavía más penoso: que la mismísima Federación Inglesa se ocupara de ocultar el caso pagando e imponiendo un contrato de confidencialidad, a lo que siguió el dejar de convocar nada menos que a la campeona local de goleo, a la alguna vez llamada “Wayne Rooney femenina”.

 

¿Por qué pudo suceder? Ciertamente, por la menor cantidad de reflectores de los que dispone el futbol de mujeres (situación similar, hace unos meses se filtró un escándalo de sexismo al interior de la federación británica de ciclismo que pretendía mantenerse secreto e impune). No obstante, la razón primordial es que los directivos suelen combatir al racismo sólo en el discurso: más pendientes de lo que se grita en las tribunas que de su gestión, actúan hacia fuera del escaparate y les preocupa poco lo que acontece en la tienda.

 

Kick It Out! es una gran iniciativa con la que se pretende combatir todo brote de racismo, intolerancia religiosa, sectarismo, homofobia, en el futbol británico. Su gran baza es precisamente la que ahora le permite actuar: ser autónomo. Al tiempo que trabaja de la mano tanto de la federación como de la Liga Premier, nadie le dicta qué efectuar o hasta dónde decir.

 

Pensemos en cualquier otro país, incluido por supuesto México. ¿Qué posibilidad habría de que la federación local asumiera su responsabilidad y tomara las medidas necesarias, de que hubiera justica para la ofendida? Muy pocas.

 

Este debate comienza torcido si se dirige hacia el racismo en la cultura inglesa: es el racismo en todos los países, es la normalización del acto de discriminar, es el dar trato de inofensivo a un chiste que de ninguna manera lo es, es el permitir que la procedencia o color de piel sigan desencadenando estereotipos.

 

No podemos dejar de atender las burradas que se gritan en el estadio y flotan a cada minuto en las redes, pero no por hacerlo debemos convencernos de que el problema ha sido remediado.

 

En el futbol, como en cada pedazo de la sociedad, se discrimina tanto que quien lo hace muchas veces cree que hacerlo es normal.

 

Twitter/albertolati

 

caem

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