La renovación de Cristiano

Alberto Lati

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¿Cristiano Ronaldo en el Real Madrid hasta los 36 años? Eso indica el contrato que firmará hoy, aunque bien se sabe que aquel principio legal de pacta sunt servanda, es decir, que los contratos están para cumplirse, no suele aplicar al futbol.

 

Por ponerlo en términos prácticos: desde que comenzó su carrera en los primeros dosmiles en el Sporting de Lisboa, este crack jamás ha terminado un vínculo contractual. Fue debutar con el club de la capital portuguesa y a los pocos meses salir por casi 20 millones de dólares rumbo al Manchester United.

 

Ahí pasaría seis temporadas en las que renovaría su contrato hasta cinco veces, llegando al final a ingresar 180 mil dólares semanales, en un intento final de disuadirlo de irse al Real Madrid o de plantar las semillas para el que iba a ser con diferencia el traspaso más caro de todos los tiempos.

 

Las extensiones y mejoras contractuales han ido más lentas durante su estancia en el Bernabéu, aunque han llegado puntuales y en ocasiones consecuentes a las ocho renovaciones que más o menos en ese lapso el Barcelona ha concedido a Lionel Messi.

 

El tema no es privativo de jugador o equipo alguno, sino, en general, de este deporte. A raíz de la Sentencia Bosman (1996), el único conducto que tiene un equipo para evitar que sus futbolistas se marchen sin dejar detrás el monto de una transferencia es tenerlos amarrados; a mayor duración del laso, menor necesidad del club de negociarlo y, por ende, más caro puede ser tasado.

 

Por eso que alguien renueve por cinco años no significa necesariamente que ahí vaya a estar por esas campañas o cobrando lo que marca tal papel: Cristiano y Messi jamás han terminado un contrato (como Zlatan Ibrahimovic sí hizo por primera vez ahora en el París Saint Germain).

 

Mi sensación es que Cristiano no llegará al Madrid hasta ese 2021: al ritmo actual, jugar ahí hasta los 36 años parece demasiado difícil, incluso para uno de los mayores portentos futbolísticos que se hayan conocido. Más que por su forma física, de la que no dudo, por su vanidad; la mera ley de vida indica que el conjunto blanco no podrá mantener un rol tan hegemónico al portugués si su curva de rendimiento torna descendente: jugar todos los minutos, devorar balón y remates a su gusto, ser inamovible, no verse superado en sueldo o atención por nadie.

 

Dicho lo anterior bajo la certeza de que sus números actuales, inferiores a lo que suele acostumbrar, no son más que una mala racha de la que más pronto que tarde saldrá, y convencido de que esta temporada terminará siendo de no menos de 35 goles. El único problema futbolístico que tiene hoy Cristiano Ronaldo es precisamente la misma herramienta que lo ha llevado a tan deslumbrante nivel: su ansiedad, su insaciabilidad, su impaciencia depredadora. Acaso en cuanto se resuelvan los ganadores tanto de Balón de Oro como del nuevo premio The Best de la FIFA, retome cierta serenidad. Con o sin ella, se irá del Bernabéu rozando o sobrepasando los 500 goles (de momento, acumula 371 en 360 cotejos).

 

Cristiano renueva y, por probabilidad, lo más factible es que no cumpla ese contrato hasta el final. Eso sí: quien quiera llevárselo a China o el Golfo Pérsico, habrá de dejar varias decenas de millones en la caja merengue.

 

Twitter/albertolati

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