Una Copa poco Clásica

¿Qué hace que dos uniformes combinen tan bien en la cancha? Olvídense de los manuales de armonía y adecuado contraste, porque el futbol resulta más bien daltónico: aquí la única clave es la historia y, […]

¿Qué hace que dos uniformes combinen tan bien en la cancha? Olvídense de los manuales de armonía y adecuado contraste, porque el futbol resulta más bien daltónico: aquí la única clave es la historia y, bajo ese entendido, pocas combinaciones lucen tan poderosamente cadenciosas como esa camiseta rojiblanca contrapuesta y en plena batalla yuxtapuesta con la amarilla.

 

Eso es parte del efecto –en este caso, visual– de un Clásico. Otro más, hoy, llenar de reflectores al evento que no los ha tenido.

 

Pocos países han descuidado tanto su Copa como México; interrupciones de varios años, modificación de formato, ínfima importancia, contradicciones tan grandes como haberla resucitado con dos apretujadas ediciones al año y fase de grupos al inicio –porque la naturaleza misma de esta competencia es la eliminación directa.

 

El asunto es que a nivel mundial no hay torneo más clásico que la Copa: la de Inglaterra resulta el certamen más antiguo que se continúe disputando (desde 1872), así como la de España antecedió en tres décadas al inicio formal de su Liga (y sobreviviendo a cambios de nombre según el régimen: Copa de la Coronación de Alfonso XIII, Copa del Rey, Copa de la República, Copa de la España Libre, Copa del Generalísimo, otra vez Copa del Rey).

 

Como sea, si esta Copa MX pretendía recuperar la pasión que muchísimo tiempo atrás exhibió, necesitaba un partido como el que será sostenido este miércoles: un Clásico para esa Copa despojada de todo rastro de clasicismo.

 

Y no cualquier Clásico, sino éste tan esperado: por la goleada propinada por el Guadalajara en el Azteca un par de meses atrás, por la necesidad americanista de enmendar un centenario que hasta ahora ha sido criticado, por la reciente Liguilla en la que las Chivas cayeron con la sensación de no haber sido superadas, por la irrupción de un Ricardo La Volpe de tan cercana y convulsa salida precisamente del cuadro rojiblanco…, en definitiva, por una rivalidad más vigente que nunca: el Rebaño vuelve a intentar aglutinar a los mejores mexicanos, como complemento de un espléndido trabajo de generación de talentos; al tiempo, los de Coapa poseen una de las nóminas más caras y vienen precedidos de años exitosos (por mucho que el semestre actual sea mal percibido).

 

Puestos a ser sinceros, hasta los más fervorosos seguidores de este deporte tendrían problemas si se les pide enlistar las semifinales de las últimas Copas; eso será diferente luego de esta noche, duelo que se instalará en la memoria colectiva incluso si es soporífero –como también es común en estas confrontaciones en las que el miedo a perder destiñe la voluntad de ganar.

 

El América se ha topado con una ocasión única de redención tras el bochorno con el que cerró agosto; el Guadalajara, con una histórica posibilidad de ratificar como pesadilla el centenario del rival.

 

Al cabo de este miércoles será demasiado tarde e irremediable para alguno de los dos. Otro de los efectos, como esa combinación de colores perfecta, de lo que supone un Clásico. Alguno más es su esencia: que clásico es lo que no pasa de moda, lo que retoma los cánones o valores de una etapa modélica.

 

Twitter/albertolati