“No podría ser la jugadora que soy sin ser la persona que soy, incluso cuando muchas veces no he tomado las mejores decisiones o dicho lo correcto”. Con esa espléndida frase, la acaso mejor guardameta de la historia, Hope Solo, respondió a la suspensión de seis meses de la selección estadounidense.

 

La jugadora no es sólo una leyenda del futbol femenino, sino uno de los pocos exponentes de este deporte en su país, que ha entrado a profundidad en el sistema de estrellas y medios norteamericano. Invitada a entrevistas por David Letterman, Jimmy Fallon, Piers Morgan, Ellen Degeneres, participante en el reality show Danzing with the Stars, autora de una autobiografía best seller, combatiente por los derechos de la futbolista y la mujer, Hope representa demasiado en la Unión Americana, al margen de sus dos medallas de oro en Olímpicos, su Copa Mundial FIFA, sus más de 200 partidos internacionales y sus no poco recurrentes escándalos.

 

En un medio en el que faltar al respeto o desdeñar al rival se ha convertido casi en norma, generó inmensa sorpresa un castigo que podría desembocar en el fin de la trayectoria de Solo con su selección. La portero había llamado “cobardes” a las seleccionadas suecas, quienes jugaron a la defensiva para llevar el cotejo a lanzamiento de penales y eliminar de Río 2016 al favorito Estados Unidos. Algo parecido dijo Cristiano Ronaldo de Islandia al inicio de la Eurocopa y críticas similares se escuchan cada fin de semana en las principales ligas europeas.

 

Sucede que Solo ya tiene importantes antecedentes de salida de tono y, sobre todo, que el futbol de mujeres se continúa rigiendo por valores distintos. Ella ha luchado por acercar los ingresos femeniles a los varoniles, pero ahora sabe también que por una declaración idéntica, difícilmente sería inhabilitado medio año algún estelar del equipo mayor, como Clint Dempsey o Michael Bradley (o, tiempo atrás, la persona que más se le acerca junto con Mia Hamm, a esa categoría de ídolo pop llegado desde el futbol: Landon Donovan, célebre en México por sus gritos anti-tricolores).

 

Su aseveración no fue de ninguna forma acertada y eso comenté en los espacios donde tengo oportunidad de hacerlo. En el fondo hubo un no saber perder, ante los primeros Olímpicos que no reportaron medalla en esa modalidad a Estados Unidos. Parecen adecuados los argumentos esgrimidos para suspenderla seis meses (faltar al espíritu olímpico, respeto, etc.), pero creo que, estando como está este deporte, a Hope Solo se le aplica una moral distinta a la que caería sobre un hombre…, justo lo que esta “niña mala” de las canchas ha luchado por evitar.

 

Al final, su inhabilitación evidencia una batalla por el respeto y, como tal, tendría que ser apreciada. Batalla que se recibe con extrañeza cuando en el futbol de los millones (que es el de los varones) nadie está dispuesto a efectuarla.

Alberto Lati

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