Ley de barrio, ley de vida: que si se falla un gol hecho, más pronto que tarde el destino lo convertirá en un gol en contra, lo que puede resumirse en una losa de dos tantos; de haber estado arriba 3-1 a falta de un cuarto de hora para terminar, a encontrarse empatados a dos en plena recta final.

 

México no fue mejor que Alemania (o no, al menos, en mi humilde opinión); otorgó numerosas ventajas defensivas, se vio a menudo rebasado por las revoluciones del conjunto germano, cometió errores inexplicables. Sin embargo, tenía que haberse impuesto, porque llegó más y mejor.

 

En todo caso, el empate no debe prestarse a drama alguno. Se tendrá que golear a Islas Fiyi (sí, es el conjunto peor clasificado por FIFA, que se ha metido a un torneo oficial: el 187 del mundo) porque la sumatoria de anotaciones resultará determinante para dirimir tanto quién avanza primero como quién ni siquiera accede a cuartos de final. Y se tendrá que derrotar a una complicada Corea del Sur, justo el cuadro ante el que el Tri no logró pasar del empate en el debut en Londres 2012 –después, ya se sabe, vendrían cinco victorias consecutivas en el momento más maravilloso en la historia de nuestro futbol: Gambia, Suiza, Senegal, Japón y Brasil.

 

Puestos a buscar motivos de consuelo, así se inició cuatro años atrás. Puestos a apegarnos a la realidad, no hay medalla y acaso ni segunda ronda, si no se mejora.

 

Irving Lozano no fue el de las últimas semanas con Pachuca; la misma duda en la definición que representaba el 3-1 resume la diferencia entre el resolutivo crack que conocemos, respecto a la mala calca que lució errática en Salvador de Bahía. Lo conseguirá. Tiene carácter. Tiene hambre. Tiene oficio. Y tiene muchísimo futbol. Tanto, como para ser hoy la mayor promesa de nuestro balompié y robarse estos Juegos.

 

Oribe Peralta necesita salir bien de la lesión, incluso a costa de faltar ante Islas Fiyi. Su liderazgo, su afán de cargar con el colectivo, su peso específico, su romance con el gol nacido en el Olimpo, son el más luminoso camino de esta selección hacia un nuevo podio.

 

La defensa necesita un cambio radical y mayor apoyo desde el medio campo. Alemania fue peligrosa casi siempre que se lo propuso. Jorge Torres Nilo habrá de ejercer un rol más orientativo para los Sub-23.

 

Ante unos Olímpicos en los que algunas predicciones internacionales sólo dan a México dos o tres medallas, siendo una de ellas en futbol, la pregunta medular es si se puede seguir creyendo en una medalla. Y mi respuesta es que sí. Incluso más que ayer. Incluso sin haber ganado lo que debió ganarse. Incluso sin haber dado el mejor partido.

 

Dicho eso, complemento: no coincido con los pronósticos de medios como AP o Sports Illustrated: veo a México al menos con cinco medallas en Río 2016, que abre hoy.

Alberto Lati

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