CRACOVIA. El Papa Francisco lanzó hoy un desafío a más de 350 mil católicos de unos 180 países del mundo y les aseguró que la humanidad necesita jóvenes que “no quieran vivir a medias”, sino que se entreguen a los demás por completo, convirtiéndose en “sembradores de esperanza”.

 

Los instó a ser “una respuesta concreta a las necesidades y sufrimientos de la humanidad”, aseguró Francisco al presidirNuns carry a cross
la tarde noche de este viernes un Vía Crucis monumental en el Parque Jordán de la explanada Blonia, en el corazón de Cracovia, uno de los actos centrales de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ).

 

Al finalizar el acto tomó la palabra y habló de los males del mundo, del hambre y la sed, de la falta de hogar, de los seres humanos obligados a huir para buscar refugio, de las personas inocentes que mueren a causa de la violencia, el terrorismo y las guerras.

 

“¿Dónde está Dios, cuando enfermedades terribles rompen los lazos de la vida y el afecto? ¿O cuando los niños son explotados, humillados, y también sufren graves patologías? ¿Dónde está Dios, ante la inquietud de los que dudan y de los que tienen el alma afligida? Hay preguntas para las cuales no hay respuesta humana”, señaló.

 

Sostuvo que Dios está en el sufrimiento y junto a quienes sufren necesidad porque cuando Jesús murió en la cruz abrazó la desnudez y el hambre, la sed y la soledad, el dolor y la muerte de los hombres y mujeres de todos los tiempos.

Entonces Jorge mario Bergoglio aseguró que un abrazo especial de amor está dedicado a los “hermanos sirios”, quienes “huyeron de la guerra”. A ellos les dedicó un saludo especial, asegurándoles que son recibidos con fraternidad y simpatía.

 

Justamente, algunos refugiados sirios estuvieron en el Vía Crucis y ellos cargaron la gran cruz durante la primera estación.

 

A los jóvenes el Papa los invitó a ser protagonistas de una vida de servicio, dando una respuesta concreta a las necesidades y sufrimientos de la humanidad; un signo de su amor misericordioso para la época actual.

 

Aseguró que esa “vía del compromiso personal” y del “sacrificio de uno mismo” es la “vía de la cruz”, un camino de felicidad en medio de las “circunstancias dramáticas de la vida cotidiana”.