Las piernas de los cien millones

Alberto Lati

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El listado de los futbolistas más caros siempre me ha intrigado: porque normalmente no se compra presente sino futuro, dinerales al servicio de poco predecibles desarrollos y eventualidades; porque en la valoración del jugador se suele incluir el poder de mercadotecnia, venta, posicionamiento, merchandising; porque, como punto de partida, está implícito el sinsentido de pagar por un humano, sumas que la abrumadora mayoría de los mortales no veríamos ni en varias vidas.

 

Hoy tal absurdo toca a un futbolista que, para colmo, lejos de ratificar en la Eurocopa su dimensión, ha tenido un desempeño entre mediano y decepcionante. Me refiero a Paul Pogba, el joven volante francés que, casi con total probabilidad, terminará en el Manchester United a cambio de un monto sin precedentes.

 

 

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A los 16 años ya prometía tanto que propició un escándalo al dejar al club francés Le Havre para marcharse a la academia del propio United. Tres años después, y recién debutado por el primer equipo Red Devil, se escapó a la Juventus, donde desde entonces ha crecido y brillado. ¿Qué tanto? Mucho. ¿Suficiente para que su regreso a Old Trafford implique más de 120 millones de euros, como se asegura que sucederá? A mi juicio, no.

 

Pero vuelvo al listado de los más caros de la historia: Neymar al Barcelona en 2013 (si se incluyen las multas pagadas a Hacienda y la multitud de cláusulas, primas, reparticiones, el brasileño es al día de hoy el más costoso con 111 millones de euros), Zinedine Zidane al Madrid en 2001 (75 millones), Denilson al pasar al Betis en 1998 (26 millones), Gianluigi Lentini al irse a Milán en 1992 (18 millones), Diego Maradona al Nápoles en 1984 (ocho millones, pero de dólares), Johan Cruyff al Barcelona en 1973 (1.2 mdd), Luis Suárez al Inter en 1961 (200 mil dólares), y así hasta llegar al primer traspaso caro del que haya registro que fue el de Willy Groves al Aston Villa en 1893 a cambio de unas muy protestadas cien libras esterlinas.

 

En cada uno de esos cheques que rompieron el registro, hubo motivaciones diferentes. En el caso del United, hay la certeza de que Pogba elevará sustancialmente su nivel, de que se adaptará de maravilla al esquema que persigue José Mourinho, de que crecerá ahora sí hasta niveles de aspirar a un Balón de Oro. El Madrid, por ejemplo, también lo quiere, pero aparentemente no a costa de un pago tan alto. Su actual equipo, la Juventus, desea que se quede, pero de ninguna forma desdeñará una oferta de esa proporción.

 

A mi gusto y para como está el mercado, hoy sólo valen más de cien millones unos tres jugadores entre los que no está Pogba. Si su proyección de crecimiento o futureo permite tasarlo así, es otro tema.

 

Luego vienen otros dos asuntos más relevantes: primero, que los equipos ingleses tienen más dinero que nunca a raíz del nuevo contrato por derechos de televisión de la Liga Premier; segundo, que tras varios años horribles, el Mánchester United está urgido de probar que ha recuperado la hegemonía mundial del balón: en la cancha, pero también en imagen, y Pogba es idóneo para triunfar en ese apartado.

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