Si es común en diversos grupos religiosos el rezar dirigidos hacia cierto punto cardinal, ha sido constante en José Mourinho el entrenar viendo hacia Old Trafford.

 

Allá donde el portugués ha ido y trabajado, lo ha hecho manteniendo una mirada de soslayo hacia el Teatro de los Sueños. Sueño, valga la redundancia, que ha tardado más de una década en cumplirse: ser DT del equipo al que utilizó como medida y punto de referencia de todo, el Mánchester United.

 

Su presentación cerrará un ciclo comenzado el 9 de marzo de 2004. Ese día, el sorpresivo Oporto eliminó de la Liga de Campeones precisamente al United y en pleno Old Trafford. Con 41 años recién cumplidos, Mou peleaba contra los estigmas que lo descartaban como DT relevante por no haber jugado, que lo encasillaban como traductor por su trabajo a fines de los noventa como asistente/intérprete en el Barcelona de Bobby Robson, que daban poco crédito al triplete obtenido un año antes con el Oporto.

 

Es factible que José, nunca corto en ambiciones ni autoestima, ya leyera esa visita como toda una entrevista de trabajo, como una oportunidad para presentar credenciales ante la alta sociedad del balón. La continuidad de Sir Alex Ferguson, que un año antes había amagado con retirarse, estaba en entredicho, y el estratega lusitano corría hacia el banquillo de un equipo grande (como corrió en el festejo por la banda de Old Trafford, cuando en el último minuto del partido, Costinha dio la calificación al Oporto).

 

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Es factible, también, que ese día se convirtiera en la obsesión de Roman Abramovich, en su elegido para guiar al nuevo-rico Chelsea al mayor de los niveles.

 

Apenas dos años después, ya tendría dos Ligas Premier y se enemistaría con todos en las Islas Británicas, menos con el propio Ferguson. ¿Química y entendimiento natural? ¿Respeto y humilde aprendizaje ante una leyenda? ¿Mero afán de agradar a quien tarde o temprano deseaba sustituir?

 

Cuando dejó al Chelsea, Fergie seguía tan firme en United, por lo que su sueño fue el Barça, que prefirió al inexperto Pep Guardiola. Eso le hizo ir al Inter y emprender una eterna enemistad anti-blaugrana que radicalizaría con el Real Madrid y aún pervive.

 

Fue en una nueva visita al estadio del United, ahora en marzo de 2013, cuando Mou tuvo su segunda tentativa de heredar el cargo. Ferguson en definitiva se jubilaba y José no tenía forma de continuar en el Bernabéu, por lo que aprovechó aquel ManUtd-Madrid de Champions para mostrarse encantador y respetuoso (algo atípico en él como visitante). Aplaudió a las gradas, admitió que el árbitro había perjudicado a los red devils, sonrió a diestra y siniestra…, mas el libro de Ferguson revela que nunca fue opción para relevarlo; pensó en Guardiola (el Bayern se adelantó) y finalmente eligió a David Moyes, golpe fuerte para Mou, que se reconcilió con Abramovich y volvió al Chelsea.

 

Doce años después de aquel United-Oporto, el sueño se ha cumplido para José. Todavía joven, pero acaso sin la misma energía, entrenará en el sitio hacia el cual giró permanentemente la mirada durante su laureada trayectoria. Tres años y tres estrategas después de Ferguson, Mou aterrizará en Old Trafford. Vidas paralelas, lo hará al mismo tiempo que Guardiola en la otra trinchera de la ciudad, la del City.

Alberto Lati

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