La memoria es selectiva, pero no debemos de olvidarlo: hace cuatro años México avanzó al Hexagonal tras haber ganado sus seis partidos de la ronda previa, con victorias en sitios como Costa Rica y El Salvador, con un balance de goles de 15 a favor por dos en contra.

 

Después, imposible sacarlo del inconsciente colectivo de la afición tricolor, el horripilante 2013: dos escasos triunfos en 10 partidos, la milagrosa chilena de Raúl Jiménez, la agónica salvación estadunidense en Panamá, los cuatro diferentes seleccionadores, la repesca en Nueva Zelanda. Sí, una tormenta tan pesada que la eliminatoria para Brasil 2014 por siempre será vista con convulsión, sin reparar en que hubo un instante en que paz e ilusión reinaron (tras un proceso 2006-2010 a su vez crispado: Hugo Sánchez, Jesús Ramírez, Sven Göran Eriksson, el regreso de Javier Aguirre).

 

Traigo eso a colación porque, afortunadamente, la era Juan Carlos Osorio ha arrancado con la estabilidad como el primero de sus pilares. Desempeños que, si bien tienen amplio margen de mejora, han bastado para imponerse con comodidad a cuanto rival ha emergido.

 

COLUMNA LATI REUTERSLo primero que hoy debemos de destacar es la confianza que se percibe en el grupo, aunque igual de relevante es la sensatez con que se le dirige. Confianza y sensatez: inherentes, sí, a la primera parte de la gestión de Chepo de la Torre y que una, de la mano de la otra, se desplomaron. ¿Cuándo? En parte, al igualar sin goles con Jamaica y dejar la cancha del Azteca a punta de abucheos e insultos (la seña de Maza Rodríguez a la cámara). En mayor medida, al empatar en Honduras, con Chepo fuera de quicio y el plantel desdibujado. Confianza y sensatez: las facetas más frágiles en todo colectivo, porque de ellas se sostiene lo demás, porque un círculo vicioso las arrasa, porque, sin previo aviso, una espiral negativa las refuta.

 

Por supuesto que debemos de asimilar el nivel actual en CONCACAF –Honduras, El Salvador, Estados Unidos, están en fatal momento–, pero eso no debe restar mérito al inicial trabajo de Osorio, que hasta ahora ha cumplido con todo lo que debía.

 

Como sea, la frase de Ricardo La Volpe de “al Mundial calificaremos caminando”, sólo ha sucedido en dos de cinco Hexagonales: Francia 1998, con Bora Milutinovic (única vez que se calificó como primero de grupo), y Alemania 2006, con el propio La Volpe. Por antecedentes, sería normal que esa fase final represente mayor complejidad que la actual, más allá de que hoy no se vea forma de padecerla.

 

Llegados a la mitad de esta ronda, impregnados de la armonía propia del matrimonio recién comenzado, reconvertida la eliminatoria en una agradable rutina de ganar por doquier, la memoria debe desbloquearse y entender que hace cuatro años, justo como preámbulo al naufragio de Chepo, la nave tricolor avanzaba con idéntica parsimonia.

 

Recordar no para demeritar, sino para evitar: esta paz tiene que seguir. No compliquemos lo que no es complicado; si en CONCACAF nos tocó jugar, hagámoslo como hasta ahora en esta eliminatoria.

 

El único que puede eliminar al Tri de un Mundial son sus propios demonios, actualmente desterrados, pero no por ello menos acechantes (y si no, pregúntenle a Chepo, Eriksson, Enrique Meza y anexas).

Alberto Lati

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