La NFL ante la evidencia médica

Alberto Lati

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Una película que ya iba de salida y cuyos niveles de audiencia no alcanzaron las ambiciosas cifras esperadas, ha logrado que por primera vez la NFL reconozca la relación entre futbol americano y la enfermedad CTE (por sus siglas en inglés, Encefalopatía Traumática Crónica).

 

La declaración de Jeff Miller, vicepresidente de la liga para salud y seguridad, marca todo un precedente. No obstante, si la NFL lo ha admitido ahora, ha sido de forma calculada en términos legales.

 

REUTERS_CASCOS LATIConsideremos los siguientes puntos. Primero, que las palabras de Miller bien pueden convertirse en una especie de Warning que se coloca en pantalla antes de emitir imágenes violentas: el que se queda ante el monitor, como el que después de la frase del directivo siga jugando futbol americano profesional, lo hace advertido y bajo su propio riesgo. Segundo, que el CTE suele vincularse a una etapa anterior del juego, menos reglamentada y protegida que la actual (ahora entraremos en detalle), cuyos portadores de síntomas ya alcanzaron un acuerdo legal de compensación con la NFL. Tercero, que es verdad que la cantidad de estudiantes que practican futbol americano va a la baja, pero no así los niveles de rating y repercusión comercial de esta liga (de hecho, el Comisionado Roger Goodell, anunció que pretenden elevar sus mil millones de dólares de ingreso anual, a nada menos que 25 mil millones al año a partir de 2027).

 

Así que la NFL admite un secreto a voces y lo hace con plena anticipación de daños. A sabiendas de que la tecnología del casco ya es distinta (algo que también aplica a la liga de hockey sobre hielo, la NHL), de que se ha instaurado un importante protocolo para concusiones (cómo atender y cuándo devolver a la actividad a quien recibe un golpe de estas características) y de que algunas relevantes reglas se han modificado (para retornar patadas, para taclear a un receptor desde punto ciego, para dirigir el movimiento de contacto con todo menos con la cabeza o el cuello).

 

Lo del diseño del casco y la modificación al reglamento ha probado ser muy efectivo. Lo del protocolo de concusiones tiene como inicial obstáculo a los jugadores mismos; sabedores de que ausentarse de un partido puede representar que alguien les quite el puesto o perder dinero, se han generado todo un esquema para esquivar las preguntas y mostrar que están en condiciones de jugar. Al mismo tiempo, muchos equipos han fingido demencia y mantenido en el emparrillado a quien tendría que estar en reposo (por citar dos ejemplos, acusaciones recientes contra los Steelers por regresar muy pronto al juego a Ben Roethlisberger o contra los Rams por hacer lo mismo con Case Keenum).

 

El tema es delicado, pero el afán de que tan millonario y mediático show siga adelante, es más. Máxime si se toma en cuenta que demográficamente la NFL se compone en su mayoría de jugadores de procedencia con altas privaciones y que, con o sin admisión del vínculo con CTE, muchísimos adolescentes ven en esta liga su única posibilidad de dar un salto económico.

 

Es importante que la NFL haya proferido tales palabras, pero si lo realizó cuando la película protagonizada por Will Smith ya parecía haber hecho todo el daño posible, fue porque así le convino de cara al futuro. Parece un mea culpa, pero de ninguna forma lo es.

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