BOGOTÁ. El 23 de septiembre de 2015, Santos y el máximo jefe de la guerrilla FARC, Rodrigo Londoño, alias “Timochenko”, anunciaron en La Habana la fecha máxima para llegar a un acuerdo que ponga fin a cinco décadas de conflicto armado en Colombia.

 

“Algo que sí quiero dejar en claro: Yo por cumplir con una fecha no voy a firmar un mal acuerdo“, declaró Santos al clausurar en la ciudad de Pereira (centro) la 63 Asamblea Anual de la Confederación Evangélica de Colombia.

 

“Después de tanto esfuerzo, después de tanto tiempo, si no hemos llegado el 23 (de marzo) a un buen acuerdo, yo le digo a la contraparte: pongamos otra fecha, yo no voy a cumplir la fecha con un mal acuerdo. Yo cumplo y firmo lo que para los colombianos sea un buen acuerdo”, agregó el jefe de Estado.

 

La fecha establecida se ha visto en riesgo por la complejidad de las negociaciones, que han entrado en la “recta final” después de más de tres años de acercamientos sostenidos en Cuba.

 

“Ojalá podamos firmar, como les digo, los negociadores están en el tramo final”, añadió Santos.

 

El pasado 1 de marzo, el equipo de negociadores de paz del Gobierno, encabezado por Humberto de La Calle, viajó a La Habana para reanudar al día siguiente el ciclo de conversaciones, retrasado varios días por una polémica visita a Colombia de delegados de la guerrilla acompañados de subversivos armados.

 

Los jefes de las FARC participaron el 18 de febrero en un acto público en la aldea de Conejo, en el departamento de La Guajira (norte), lo que provocó el rechazo del Gobierno y la sociedad colombiana y abrió una crisis que se zanjó con la intermediación de los países garantes, Cuba y Noruega.

 

Las partes deben abordar temas como alto el fuego bilateral y definitivo y la dejación de armas por parte de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), así como la implementación, verificación y refrendación de los acuerdos de paz.